Con 104 años y tras ver la Expo podré morir tranquilo

Guillermo Herrera acaricia la taza del descafeinado con cariño y con ella se calienta las manos en una fría mañana zaragozana. Ha llegado al centro de la capital, en plena plaza de España, despacito. No tiene prisa. Es lo que ocurre cuando uno ya ha cumplido 104 años. Este maño de adopción y guadalajareño de nacimiento tiene el honor de ser el voluntario de Expo Zaragoza con mayor edad de los 6.000 que sirven ya. “Fue por casualidad. Paseaba por el centro de Zaragoza cuando se acercó una azafata y me dio información. No lo dudé y me apunté de inmediato”, recuerda con satisfacción.
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