Los fenfletes

Como todos los días cogió su escafandra. La salamandra patidifusa reposaba la panza al sol alegremente y las moscas zumbaban su serenata. Salió de la cabaña y tomó el camino hacia la fábrica de detergentes. Fichó con su filete y saludó a Elma, la apandabruja. Una vez en su rampa mecánica decidió tirar sus dos fenfletes.
Pobres fenfletes, se retiraron a la hamaca correspondiente. El resto de fenfletes esperaban su turno en hamacas similares. Una cocinera pasaba cada cierto tiempo a darles su dosis de chocolate. Algunos lloraban y otros dormían en sus hamacas de calatrafos.
Finalmente, el cohete de fenfletes semanal no pudo efectuar su salida debido a la falta de fluoril, así que los escafandros tuvieron que repartirse a los fenfletes y llevárselos a casa el fin de semana.
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