23 de abril, Día del libro.

El próximo miércoles 23 de abril se celebra el día de San Jorge, patrón del reino de Aragón, donde se ha instaurado la costumbre catalana de regalar un libro y una rosa. Es desde luego, una estupenda tradición.
¿Por qué este artículo en una página dedicada a la naturaleza?. Sencillamente por que gracias a los árboles podemos tener libros.
De los árboles sólo podemos obtener libros en blanco, es necesaria la mente y creatividad del autor para podernos sumergir en la magia de los libros y en su poder.
En una actualidad plagada de tecnología audiovisual, cada vez se hace más difícil crear nuevos lectores y esto, desde mi punto de vista, es un gran problema para la evolución del individuo, donde dejan de desarrollarse aspectos básicos como la imaginación, la concentración, la cultura y la capacidad crítica.
Resulta muy duro comprobar en el día a día, la dificultad de chicos de secundaria o de bachiller para poder comprender un párrafo superior a cinco o seis líneas y ya no sólo por leerlas, ahora también les empieza a costar bastante entender lo que se les dice de forma oral en una exposición no demasiado extensa.
Tenemos una buena batalla que ganar para con nuestros hijos, sólo pensar en que dedicaran a la lectura la tercera o cuarta parte del tiempo que dedican a ver la televisión, o los videojuegos, la partida ya estaría ganada. Ganada al descubrimiento, la magia, la sabiduría y al entendimiento.
No dejemos yermas de lectura las mentes infantiles y adolescentes, encontremos tiempo para sembrar con el ejemplo y la disciplina sólo de esta forma crearemos un futuro mejor.
¡No basta con regalar un libro el día 23, es necesario leerlo!. Esta aseveración que parece tan absurda y tan lógica, no es mas que una apreciación de la realidad. Desgraciadamente el Día del libro se convierte en un rito que alimenta ríos de estanterías cubiertas de blanca ignorancia y de un fino polvo que va obstruyendo nuestros sentidos. Como un 2 de mayo de hace 200 años, es necesario iniciar otra revolución, pero esta vez para luchar por la creatividad, para conquistar “el reino de fantasía” como rezaba el título del libro de Michael Ende y no dejarnos invadir por “La Nada”.
Yo pienso seguir plantando árboles.
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