La fiesta de Toros, por descontado bárbara y cruel, únicamente se legitima cuando lo que sucede en la arena está revestido de un factor, generalmente oculto no sólo en los toros sino en nuestras propias vidas, la emoción, difícilmente alcanzable pero de imprescindible presencia.
Informa: paspespuyas.com/comunidad/index.php/latienta/2008/04/27



