Aprovecho esta página tan variada para hacer una reflexión sobre Zaragoza, ciudad que vive la mayor transformación urbanística de su historia y que se dispone a inaugurar la Exposición Internacional sobre el tema del agua.
Es una reflexión desde fuera, espero que no les moleste a los nativos.
Creo que Zaragoza tiene un componente espiritual muy importante que se manifiesta en la basílica del Pilar. Creo que es el principal foco de atracción turística (religiosa).
Por otro lado veo que la propia ciudad no acaba de reconocerse en este ámbito. Está enfrascada en lo material, en cuestiones que parecen irresolubles y que cualquier recién llegado ve que sólo son pretextos y subterfugios, aunque es cierto que el transporte público no se corresponde con el tamaño (la propia ciudad no reconoce su tamaño real: parece que sigue pensando en si misma como una Pamplona, o una Huesca).
Nunca he visto un desfase tan grande entre la realidad y el imaginario de una comunidad como lo siento en Zaragoza. Me resulta muy extraño.
Sería más sencillo y mucho más práctico reconocer el pálpito espiritual y admitir el tamaño real de gran ciudad. No sigan viéndose como un pueblo que crece contra su voluntad; no sigan imaginando su ciudad como un lugar en el que su principal producto son los coches o las manufacturas metálicas: reconozcan de una vez que su principal producto es algo espiritual. Reflexionen sobre el Milagro de Calanda. Consideren este posibilidad.
Por lo demás, el wifi municipal de la Plaza del Pilar no funciona. Casi todo lo oficial, por lo que he podido ver, resulta ampuloso e ineficaz.
(De todas formas, alguien ha pedido a la Virgen del Pilar en una entrada anterior que el Real Zaragoza no descienda a Segunda. Quiero decir que quizá la reflexión está equivocada, o forzada).
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