EXPextación

(…)A partir de allí, uno sube a la altura de la Pasarela, y la mente se abre, y el corazón, en un puño todos estos meses del no llegaremos, y no sé si va a quedar chulo, se relaja, y se convierte.
Y una que ya era una expoentusiasta, contempla las nuevas vistas de Zaragoza, las nuevas perspectivas, y piensa que por fin irán a la basura todas esas postales amarillentas de los baturros en el puente de Piedra.
El Puente del Tercer Milenio acoge a duras penas por sus seis inmensos carriles a la marabunta de personas ansiosas de recuperar esa parte de la ciudad olvidada de siempre y tapada por las vallas durante interminables meses.
Nada deja indiferente.
La Torre del Agua ofrece de nuevo otra mirada, desde su lado delgadito parece más alta, y más bella si cabe desde cerca.
La Expo desde Ranillas resulta colorista y accesible y por fin nuestra.
El Ebro que nos lleva, casi de verdad estos meses, baja con fuerza, pero respeta las orillas, rodea amenazante el Iceberg y anega parte del embarcadero, pero respeta la Muestra que parece inclinarse sobre él, y besarle, de tan cerca.(…)
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