En nuestra (in)cultura habitual, el RUIDO es el primer derecho.
Las instituciones propician y alientan el máximo ruido posible.
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(La Expo se concibe como una fiesta del ruido.
El pretexto es el agua y la ecología, pero el auténtico valor que se celebra es el RUIDO: la apoteosis del sonido: lo contrario al silencio)

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