De príncipes y bailarines

Esta tarde la gente se agolpaba ante el pabellón de Marruecos desplegando sus cámaras. Se había anunciado la visita de un
príncipe, hermano del rey. Había más de un empujón por conseguir estrechar su mano. Mientras tanto, unos metros más allá, ante el pabellón de Hungría, un grupo de músicos y bailarines del país hacían una demostración de la belleza de la música y las danzas húngaras. Si puedo elegir entre una estirada monarquía (me da igual de qué país) y la espontaneidad del pueblo llano (de cualquier lugar), nunca dudaré en inclinarme por estos últimos. Y allí que me he plantado, para mi deleite.
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