Zaragoza tiene una deuda moral

Creo que todavía no es del dominio del gran público la manera en que nació la Expo 2008. El dia de ganar la candidatura, se pudieron seguir en los medios entrevistas a los padres de la idea. Hay un libro llamado “Así nació Expo Zaragoza 2008” que ha tenido bastante difusión, donde el arquitecto-urbanista Carlos Miret relata el largo proceso desde el nacimiento de la idea en 1998 en la cocina de su casa, hasta la nominación de la candidatura en 2004. Durante estos años, Miret redactó el proyecto inicial, y el que se aprobó en el Consejo de Ministros con el tema del agua ,que dicho sea de paso, se parece bastante a lo que vemos ahora.
El arquitecto, que registró el proyecto en la propiedad intelectual, lo cedió a la ciudad por 1 euro, es decir, hizo una donación desinteresada, sin recibir compensación de ningún tipo, y tampoco es que la haya pedido. En cuanto el proyecto pasó a manos de la instituciones públicas, Carlos Miret ya había hecho su labor y pasó a la sombra; no obstante los ciudadanos, si es que continuamos siendo esos nobles baturros, tendríamos que hacerles algún homenaje simbólico de alguna manera, y creo saber cómo.
En realidad, la raiz de todo es la muerte de un chaval de 19 años, Lucas, hijo de Carlos Miret, redactor del proyecto, y su mujer María Milagros Rodríguez, una gallega con iniciativa. No hay que decir la profunda herida que pudo causar este acontecimiento. La madre, convirtiendo el dolor de la pérdida en un torrente vital, le dice al padre, para sacarlo de su depresión, que haga una exposición para Zaragoza, como homenaje a Lucas. Y así es como empezó todo, el embrión de la Expo 2008 y la energía necesaria para llevarlo adelante. La Asociación Cultural Expo 2008 hizo una labor extraordinaria consiguiendo el consenso político y social, y montando el voluntariado. Estuvieron siempre en la primera linea de batalla, buscando apoyos, desde la idea inicial hasta 2004. Carlos Miret, puso lo mejor que tenía para hacer el proyecto, resultado de años de reuniones, trabajo y viajes, hasta que salió elegida Zaragoza en 2004, momento que todos recordamos con emoción.
Como veis, sin Lucas no hay Expo. Así de simple. Creo que él se merece que la ciudad lo recuerde de alguna manera. Desde aquí propongo el nombre de “Lucas Miret” a un elemento bien significativo y que va a quedar, el pabellón-puente, proyecto de la arquitecta iraquí Zaha Hadid, y que necesitaría un nombre consensuado por todos, que no lo tiene.
Un zaragozano con conciencia
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