Clima y agua, juntos ante los cambio


La primera sesión de la Semana Temática se ha centrado en la relación entre clima y agua. En la actualidad estos dos conceptos dependen de las circunstancias del cambio climático. El cuarto informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) observa que afecta a regiones que ya son vulnerables a la variabilidad climática. En el futuro (cercano) en el hemisferio norte lloverá más y en el hemisferio sur, menos. Las escorrentías medias de los ríos aumentarán en las zonas altas y tropicales, pero disminuirán en latitudes bajas y zonas tropicales secas. Jean Palutifoff, consultora del IPCC y miembro de la Oficina de Meteorología del Reino Unido ha explicado que el informe refleja las previsiones climáticas que se han hecho para 2020 y para 2070 y que de ellas se deriva que las infraestructuras y prácticas actuales no podrán superar los retos a los que nos enfrenta el cambio climático.
Las soluciones que Palutifoff propone para garantizar el suministro de agua dependen de la oferta y de la demanda. Por una parte, puede aumentarse la capacidad de almacenamiento o construirse trasvases, por otra, los demandantes pueden ser más eficientes en la utilización de agua. Conforme aumentan las temperaturas los impactos del cambio climático aumentan y con programas de mitigación al menos podrían frenarse. Estas soluciones tan amplias se superponen en los escenarios que el IPCC describe para explicar las posibles evoluciones de los datos sobre temperatura o nivel del mar que conocemos.
Los modelos que se utilizan para crear esos mapas o simulaciones climáticas son caros y su resolución en áreas de 300 kilómetros es baja. Pero sirven, como afirma Ulrich Cubasch, del Instituto Meteorológico de la Universidad Libre de Berlín, para crear hipótesis políticamente correctas. En realidad siempre hay un escenario extremo y otro en el que el aumento de la temperatura será menor y al no ser modelos exactos, para diseñar las actuaciones se utiliza uno medio, el llamado escenario A1B. A medio camino entre los intereses económicos y los ambientales con una visión global.
Con el prisma de este modelo en los próximos 100 años, en España podemos esperar un aumento de temperatura de entre 3 y 4 grados y una reducción significativa en la frecuencia de las precipitaciones que, por otra parte, serán más fuertes. Esta estimación es el resultado de la superposición de 20 modelos de futuro diferentes y con cálculos estadísticos se observa cuántos coinciden en sus predicciones. Las regiones para las que es más difícil crear un modelo son las semiáridas. Robert Wilby, investigador de la Universidad de Lancaster afirma que en estas zonas la variabilidad anual es grande y que serían necesarios modelos regionales meteorológicos porque los actuales presentan anomalías. Esta indefinición en el panorama futuro no nos cierra la puerta a las actuaciones, podemos adaptarnos para minimizar los riesgos protegiendo las fuentes de agua de las que disponemos, reduciendo las fugas de agua o promoviendo técnicas de almacenamiento de agua tradicionales.
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