La producción mundial de alimentos descenderá si la temperatura media del planeta sube por encima de los tres grados”

Marco Bindi, de la Universida de Florencia ha participado en la Semana Temática “Cambio Climático, Fenómenos Extremos” explicando cómo afectará el cambio climático a la producción de alimentos
El cambio climático afecta a las cosechas y por tanto, a la producción de alimentos. En un escenario futuro de aumento moderado de las temperaturas, sus efectos sobre los cultivos variarán en función de la región en la que nos encontremos, y no serán necesariamente negativos, pero si las temperaturas aumentan de manera global por encima de los 3 grados en este siglo, la producción de alimentos descenderá. Tras esta idea general Marco Bindi, responsable del Departamento de Agronomía y Gestión de la Tierra de la Universidad de Florencia, ha explicado en la Semana Temática “Cambio Climático; Fenómenos Extremos”, cómo va a afectar la disponibilidad de agua a la producción de alimentos.
En la actualidad el 80 por ciento de las tierras cultivadas son de secano, se riegan con la lluvia, y sólo el 18 por ciento está cubierta por regadíos, unos cultivos cuyo crecimiento depende de las disponibilidad de agua y de las infraestructuras de riego. Ambos sistemas de cultivo se enfrentan a una situación sin precedentes, por una parte por el aumento exponencial de la población y de la demanda de alimentos y por otra por el incremento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones. En opinión de Bindi, a lo que tenemos que estar atentos es a los fenómenos extremos, no a las variaciones medias de los valores térmicos o de las precipitaciones. Además el efecto de concentración de CO2 en la tierra, por ejemplo, puede ser beneficioso para los cereales o las legumbres porque incrementaría su producción hasta un 20 por ciento, y las cosechas de soja o cala de azúcar hasta un 10 por ciento.
Si los efectos del cambio climático son relativos, ante qué debemos estar preparados? Marco Bindi considera que la visión respecto a las cosechas debe contemplar el aumento de las temperaturas, el cambio en las precipitaciones y la concentración de CO2 en cada región del planeta, porque sus efectos son diferentes. Por ejemplo, un aumento de 3 grados de temperatura en una región templada puede ser beneficioso para las cosechas, pero el aumento en 1,5 grados en una región tropical les afectará de forma negativa. La producción agrícola descenderá globalmente si el calentamiento supera estas temperaturas, aunque lo hará en menor medida el cultivo de secano, que reducirá sus resultados entre un 2 y un 4 por ciento, no mucho en opinión de Bindi. A los efectos del cambio climático tendríamos que sumar otro factor, el incremento en la demanda de agua para el regadío, que será del 17% en los países en vías de desarrollo y el doble en los países desarrollados.
Los efectos del cambio climático son, por tanto una amenaza a la producción de alimentos. En su conferencia, Marco Bindi ha remarcado la necesidad de que las estrategias de adaptación a estos efectos se apliquen de forma coordinada con las estrategias de mitigación, porque el horizonte temporal de estos efectos es amplio pero incierto. Entre las estrategias de adaptación que podemos adoptar se encuentran las de cambio de las variedades de especies por otras más resistentes a la sequía, en la modificación de los sistemas de regadío y de los calendarios de cosecha, adaptados a cada lugar y momento. La mitigación pasaría, por ejemplo, por encontrar fuentes de agua renovables. Combinando ambas estrategias podríamos reducir considerablemente la vulnerabilidad de los territorios al cambio climático, de hecho, si no se adoptan, cuando termine el siglo XXI, casi toda la superficie terrestre estará expuesta a sus efectos.
Para finalizar su intervención Marco Bindi ha señalado los retos a los que nos enfrentamos si no queremos ver disminuída la producción de alimentos. El primero es el estudio de las cosechas en las comunidade más pobres porque todavía no tenemos referencias de su comportamiento, como no hay estudios de la interacción entre las cosechas y las plagas. Además los modelos de simulación deben introducir los fenómenos extremos y las futuras exigencias del regadío. Sobre todo, afirma Bindi, es necesario establecer sinergias entre la adpatación y la mitigación.
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