EL PARROCO DE BIESCAS EN EL PROGRAMA DE FIESTAS

Repasando los textos que van a salir publicados en el programa de fiestas de Biescas, he encontrado uno especialmente interesante, y creo que necesario de leer y aplicar, bajo mi punto de vista por todos. Es el saludo de nuestro Parroco Ricardo.
Lo he considerado interesante y creo que digno de mención, por esto os lo transcribo en el blog, para todos aquellos que no tengáis oportunidad de poder ver el programa de nuestras fiestas:
“A menudo sucede que la personas y colectivos que dedican tiempo y energía a trabajar por los demás son objeto de las críticas más despiadadas y crueles por parte de quienes contemplan pasivamente su labor. A veces, incluso de dichas críticas a mayores media el de una navaja. Y esto pasa en todos los aspectos de la vida social: en lo municipal, en lo escolar, en lo deportivo, en lo parroquial, en las fiestas, en el mundo de las asociaciones, en las comunidades de vecinos, etc… No se libra nada ni nadie. Fijaos simplemente qué pasa cuando se hace cualquier obra pública, cuando se prepara una excursión, cuando planea una iniciativa, cuando se emprende cualquier tarea colectiva… Los responsables van a ir finos… Sólo hay que poner el oído…¡Si los adoquines de la plaza hablaran…!
Y es una pena porque apenas dedicamos palabras para describir el lado bueno de las cosas y gastamos pocas sonrisas amables y menos aún palamaditas en la espalda. Y aún en mayor pena lo que, esto que cuento, nos lastra socialmente y el desánimo que produce en tantas y tantas personas de buena fe como hay.
En las fiestas trabaja muchísima gente, muchísimos colectivos. De alguna manera, todos estamos involucrados. Seguro que escucharemos quejarse a varias personas. Podríamos hacer este propósito: No lanzar demasiado deprisa nuestras quejas, ni empalmar directamente con nuestras própias desgracias, en todo caso hagamos a los demás el regalo de escuchar sus quejas. Nos haríamos un gran favor mutuo.
Para ilustrar lo que digo os cuento una anécdota que sucedió en un monasterio. Ya sabéis que los monasterios tienen como norma de vida no quejarse nunca, si no preocuparse mucho por sus hermanos. Un día, en el refectorio, mientras servían un buen potaje de verduras y legumbres, un monje sintió un verdadero repelus cuando vio que en su plato caía un ratón… había caído en la olla sin que el hermano cocinero se diera cuenta…¿Qué hacer? ¡No tenía derecho a quejarse! Entonces llamó al hermano que aquel día servía la comida y le dijo. “Hermano, ¿Porqué a mi vecino de mesa no le has puesto carne…?
No nos quejemos demasiado pronto, pero escuchemos siempre las quejas de los demás.”
RICARDO MUR
Ójala, hicieramos todos caso de lo que nos dice el prudente y sabio parroco de nuestro pueblo en este texto y lo supiéramos aplicar a todos los aspectos de nuestra vida social y comunitaria.
fernandolarrosalanau.blogspot.com/
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