La soberbia de los grandes


El mundo del fútbol es chulería. Los grandes de nuestro fútbol les importa un rábano la afición que les sigue, solo les interesa que compren, que gasten su dinero en comprar artículos de su equipo, que se saquen los abonos de temporada, que compren entradas, pero solo se acuerdan realmente de ellos en los malos momentos, cuando su aliento y empuje puede hacer que en un momento determinado de un partido un jugador exhausto, saque de su interior un último impulso que le haga llegar a ese balón y lo convierta en gol. Un gol que haga que la soberbia del jugador y del club aumenten.
Las televisiones nacionales no se han cansado de mostrar como fue recibido el Barça en Sant Carles de la Ràpita en la disputa de las semifinales de la Copa Cataluña, la indignación de las gentes de una población 100% cule, como la gran mayoría de esa tierra, fue brutal ante el pitorreo de un teóricamente “señor” club ante sus aficionados tras llevar al filial a disputar un partido que allí se esperaba con enorme expectación desde hacía varios meses. Pero no tenemos que irnos hasta la comunidad vecina, aquí podemos encontrar el mismo caso y como no el Real Zaragoza debía ser el protagonista.
La soberbia que está mostrando el Real Zaragoza en Aragón, esta aumentando a pasos agigantados. Somos la afición mayoritaria en Aragón, pero la prepotencia que esta mostrando últimamente me empieza a asustar y el descenso no está asumido por la entidad. El “somos un equipo de primera que circunstancialmente está en segunda” debe terminar y debemos asumir la realidad. Somos un equipo de segunda que aspira a ascender y con esa modestia debemos ir partido a partido y paso a paso. El Real Zaragoza ya ha dejado de ser únicamente el equipo de Aragón. La S.D. Huesca, está haciendo una campaña importante de búsqueda de simpatías, hace poco escuchaba que jugó un partido en Graus, y ayer jugó otro en Almudevar, son pequeños detalles que acercan al equipo a los aficionados.
Por contrapartida nos encontramos al Real Zaragoza que ayer tenía una cita importante para venderse a esos simpatizantes de Teruel. El Andorra, histórico de nuestra tierra, antes Endesa Andorra, cumplía 50 años. El club había pedido en varias ocasiones al Real Zaragoza que acudiera a jugar un partido para celebrar tal evento, pero el mayor club de Aragón miró hacia otro sitio y ha pasado de ellos. El Castellón fue el rival que se acercó a jugar el partido. Un deslucido homenaje a una afición como la andorrana tan zaragozista, otro desplante como el del Barça hacia su afición del sur de Tarragona, lo ha realizado en Real Zaragoza ante la turolense. Un club como el Real Zaragoza debe ser ante todo ejemplo en Aragón, debe estar a la altura que el club merece y la altura se consigue haciendo grandes gestas y pequeños detalles. Las grandes gestas está claro que han desaparecido, pero estos pequeños detalles tampoco se ven. El Zaragoza debía haber estado en ese partido. Primero por respeto a un club como el Andorra que lo merece y segundo porque debe saber estar a la altura como gran club de Aragón que eso representa. Nadie del Real Zaragoza acudió a ese partido, nadie, que tristeza. Si es que incluso les hubiera ido bien a la plantilla jugar un partido, para ver si consiguen de una vez por todas ser un equipo sobre el campo y no ser esa cuadrilla de peloteros sin ideas que van deambulando por los terrenos de juego.
¿Qué le costaba al Real Zaragoza, haberse acercado a Andorra, con seis o siete jugadores del la primera plantilla y rellenados con gente del filial? ¿Un club como el Zaragoza, señorío en Aragón, no debe mostrarse respetuoso con los otros clubs importantes de la tierra? ¿No sabe el Real Zaragoza lo que representa para un niño, ver delante suyo a uno de sus ídolos y poder fotografiarse con él? Eso para un niño no tiene precio y jamás se olvida.
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