
Ya me pasó en los días siguientes al 14 de septiembre del año pasado… pero ahora que vuelve el buen tiempo a la capital del Ebro, vuelve con más fuerza el tener mono de Expo. Mono de pisar el ahora vallado recinto en reconversión empresarial. Mono de ir a por las gafas de Valencia, la sidra de Asturias, la cerveza de Alemania, el Circo del Sol a mediodía, las noches a la fresca escuchando musiqueta, fuegos artificiales, huir de las colas, los experimentos del pabellón de España, las pelis en 3D, la guerra del agua en el hombre vertiente, subir a la torre del agua, la terracita chill-out en lo alto del acuario donde se veía de cine el espectáculo del Iceberg…
Y lo mejor era que todo aquello estaba sólo a diez minutos andando desde casa…
Ah, qué verano más activo nos dejó para Zaragoza el año pasado. Si pudiera volver atrás en el tiempo…


