El ministro Moratinos, satisfecho con su trabajo, se subió a un avión, voló hasta su reino y allí se encontró con una desagradable sorpresa: las autoridades, indignadas con su canalla actuación en el caso de una destacada defensora de los derechos humanos, se negaron a dejarle entrar en su territorio.
Informa: pepesoro.wordpress.com/2009/12/01/el-cuento-del-indigno
