La igualdad de la mujer

OPINIÓN / Desde unos años a esta parte, la mujer está consiguiendo en nuestro país los mismos derechos, en el plano teórico y práctico, que el hombre…

La virginidad de la mujer es su joya más preciada, que a capa y espada ha de mantener como su bien más preciado, entre otros atributos propios: ternura, delicadeza, simpatía, amor por los niños… Todo esto lo hacen las hijas de Eva superando las ‘barreras de sus intelectos’. Las mujeres que son víctimas de violaciones u otras formas de violencia sexual, sufren muchas más enfermedades mentales durante su vida y, en cierto modo, su tendencia al suicidio es más elevado. Los estudios realizados en este sentido así nos lo dan a entender.

Estamos cambiando a lo largo de la historia, culturas y civilizaciones –así lo vamos viendo, nuestros roles (por comportamientos), tocante a la sexualidad–. Ésta sufre un cambio tocante a las costumbres y a la forma de manifestarse. Las mujeres, y a Dios gracias, han aprendido a ser independientes y, desde luego, están demostrando, por activa y pasiva que son mucho más inteligentes que el varón, estudiando, trabajando, siendo militares, jueces, policías y lo que deseen conseguir siempre lo conseguirán: tienen una enorme fuerza de voluntad, que desarrollan a las mil maravillas, como si sobre aquélla cayesen gotas conteniendo tónicos eficaces y conductores de sabia que, a modo de río desbordado, las condujesen durante toda su vida. Es decir, del rosa al amarrillo, de la juventud a la vejez, de la vitalidad y pasión amorosa juvenil a un ‘status’ de personas maduras donde se va apagando poco a poco la pasión carnal ardiente, y, de esta forma, dar paso a ese amor tranquilo y agradecido que disfrutan las personas que peinan pocos pelos color de nieve.

“Las mujeres han aprendido a ser independientes y están demostrando, por activa y pasiva, que son mucho más inteligentes que el varón, estudiando, trabajando, siendo militares, jueces, policías y lo que deseen”

La violación de la mujer se ha desarrollado y se sigue desarrollando como una provocación salvaje de las guerras y revoluciones, tanto en las que venimos en llamar ‘justas’ (pocas existen que lo sean), como en las ‘injustas’. Las guerras se suelen activar por intereses económicos (la mayoría de las veces), o por odios contraídos y almacenados en las mentes y cabezas de los hombres de mala voluntad, o por expansiones territoriales no justificadas… ¡Son tantas las causas que las provocan…!

Sí podemos y debemos recordar que la esclavitud, no sólo fue una opresión de racismo del hombre blanco hacia el hombre negro, sino que también supuso otra opresión del hombre blanco hacia la mujer negra. No podemos ni queremos olvidar, ni por un momento, que, hasta hace poco tiempo, el sometimiento sexual de la esposa al marido no era considerado como un delito de violación: hoy por hoy, y gracias a Dios y a las leyes, ya no ocurre lo mismo: existen las relaciones sexuales entre mujer y marido, pero nunca jamás empleando la violencia o la fuerza bruta.

Y es que la vida –nuestra vida–, y no sé el porqué, sabe y comprende que no somos dueños ni de un sólo instante de ella. Sabe y comprende que no somos inmortales, sabe y comprende que tenemos nuestros recuerdos de supervivencia muy limitados y en todos los órdenes de la vida (esa vida que no es nuestra): somos gentes muy imaginativas los españoles, que no trabajadores precisamente, y siempre estamos soñando con nuestra chica de los ojos verdes.

El estrés a que estamos sometidos por nuestra manera de vivir, irritaciones contenidas –quizás del propio trabajo que desempeñamos (aunque hoy en día muchas personas no padecen estrés porque no pueden trabajar: no hay trabajo a la vista) –, disgustos de tipo familiar, complejo de superioridad e inferioridad, etcétera. Todo este cúmulo de premisas, y muchas más, influyen de forma muy negativa en nuestro carácter, y hace que nuestras conducciones lleguen a ser, en muchos casos, peligrosas para nuestros amigos los peatones, para los demás conductores y, por qué no, para nosotros mismos. Nuestra asignatura pendiente ha de consistir en reeducarnos cívica y vialmente hablando, para poder siempre desarrollar una buena seguridad vial. Nuestras armas a emplear deberían ser: el respeto mutuo, la cortesía, la amabilidad… Erradiquemos la violencia, y fomentemos la reflexión.

“Hace años las mujeres no podían abrir cuentas corrientes a su nombre; legalizar un pasaporte; podían ir a la cárcel si cometían adulterio o abandonaban el domicilio conyugal y un largo etc.”

La liberación de la mujer ha contribuido a que las hijas de Eva salgan a la ‘selva de la calle’, donde cualquier desaprensivo ‘matacorazones’ se creerá que es dueño de las féminas. El acoso sexual se ha convertido últimamente en el pan nuestro de todos los días, y esto se produce en todos los ámbitos de la vida laboral y funcionarial. Y es que nuestras mujeres del siglo XXI son fuertes, valientes, capaces, creativas, bellas y sonrientes.

¡No se podía esperar menos de ellas! Se acuerda uno de las experiencias pasadas: unas buenas, otras malas y, las últimas, menos malas. Pretendo ser objetivo en mis recuerdos, porque fui protagonista y observador de los mismos. Se deben contar hechos pasados, mejores o peores, pero contarlos, ya que podrían argumentar que no fueron acontecimientos verosímiles. O: “…que no nos atrevemos a relatarlos” .O: “…que perdemos la memoria porque nos conviene”. O: 2…que hay que callar porque algo tenemos que esconder”.

Nada más lejos… Allá por los años sesenta y dos, y cuando contaba veintidós años de edad, estaba preparando oposiciones para el Estado, que las aprobé: “Ya tengo el porvenir asegurado”, me dije. Mi fallecido padre, Mariano, siempre me dijo: “Estudia, estudia hijo mío”. “Ya verás: si llegas a pertenecer al cuerpo de funcionarios, vivirás con cierto deshago el resto de tus días. No serás nunca millonario, pero jamás te faltará un pedazo de pan para llevar a la boca”, terminaba siempre con este prudente y concienzudo consejo. Y así fue. Por aquel entonces las ‘hijas de Eva’ no atravesaban tiempos, precisamente, favorables para su independencia y derechos civiles consecuentes. Poco o nada pintaban en nuestro país llamado España (la de 1962), que ahora también se llama España –mal que les pese a ciertas personas, por así llamarlas: uno les nombra con el apelativo de ‘pobres o malos españoles ‘–. Y lo digo con conocimiento de causa: sus derechos, y los de las ‘hijas de Eva’ de 1962, estaban mermados en demasía, y llevaban su ‘especie de esclavitud’ –por así llamarla– con paciencia, con resignación, con la paciencia y resignación que les son comunes a las mujeres, y que los hombres –piensa uno–debemos imitarles. Y aludiendo concretamente a esos derechos, de los cuales no gozaban, mi memoria me dicta y me confirma los que siguen: no podían abrir cuentas corrientes ni cartillas de ahorro a su nombre; tampoco podían, y por su propia iniciativa, legalizar un pasaporte español a su nombre; podían ir a la cárcel (por prisión) si cometían adulterio o abandonaban el domicilio conyugal, etc.

“Pisando fuerte las actuales mujeres, van poco a poco consiguiendo su ya merecido puesto en el plano socio-laboral, que les facilita una comunicación liberalizada respecto al hombre”

No podían hacer casi nada por su propia voluntad. Sin embargo, las féminas europeas se manejaban y comportaban de distinta manera. Y es sencillo comprender el porqué: las anteriores habían sufrido una gran guerra en los territorios de los Estados a que pertenecían, la II Guerra Mundial, ni más ni menos. Por esta causa, sin duda, habían tenido que salir de sus domicilios a trabajar y, de meras amas de casa y esposas complacientes, se habían transformado en asalariadas en fábricas, en mercados de distribución de productos de consumo, en labores propias de la agricultura, etc.

Las esposas españolas (1962) sufrieron serios reveses en sus estados anímicos. Es decir, al abandonar los hijos el hogar familiar, se sentían ellas no imprescindibles ni necesarias. Y como no habían aprendido a trabajar fuera de casa, porque no las dejaron, sus cerebros fueron pasto de angustias, insomnios, intranquilidades, nerviosismos…, que algunas de las veces degeneraron en serias y complicadas depresiones: sus mesitas de noche aparecían cubiertas de medicinas con sus correspondientes prospectos. Es bueno comprobar como un hombre y una mujer se pueden tomar unos güisquis juntos, conversando tendidamente de sus mismos proyectos y aspiraciones laborables: se está produciendo poco a poco la liberación de las mujeres: ellas también quieren ser mujeres liberadas… Pisando fuerte las actuales mujeres, van poco a poco consiguiendo su ya merecido puesto en el plano socio-laboral, que –con casi igualdad de derechos y también de obligaciones– les facilita una comunicación liberalizada respecto al hombre.

Ellas ya son mujeres siglo XXI, y se han convertido en recuerdos con futuro. No obstante, encuentran un riesgo que va a definir la amistad entre hombre y mujer: el impulso sexual que es inevitable que surja entre ambos. Existe una frontera –casi imperceptible– entre la amistad profunda y para siempre, y el amor propiamente dicho: la presencia o no de la atracción sexual, la cual inclinará la balanza de la verdad hacia uno u otro lado. Debemos buscar ‘nuestra chica de los ojos verdes’, nuestra futura esposa, pareja sentimental… con quien recorrer el corto o largo camino de nuestra mortal vida, buscando felicidad. Empleemos el arte de comunicar, conversar, etc., que parece haber sido olvidado últimamente de la faz de la tierra.

El problema reside en nosotros mismos, pues pensamos que el dinero, el poder y los distintos placeres –que la propia vida nos pone al alcance de la mano– serán los que nos libren de preocupaciones: nada más lejos. Uno piensa que el amor ni se compra ni se vende: se siente. Si no es así, no es verdadero amor, y jamás nuestros recuerdos serán reconocidos como recuerdos con futuro.

La Coruña, 7 de abril de 2012

Mariano Cabrero Bárcena es escritor

Acerca de callado

(...)He nacido en Madrid, 8 de Noviembre de 1938. Estoy casado y con dos hijos. Soy esscritor, poeta y ensayista. Funcionario de La Administración del Estado(escala Ejecutiva), jubilado, pero con unas ansias enormes de seguir escribiendo para aprender de los demás. Informar, tratar de ilustrar y entretener forman parte de mi bagaje cultural, que renuevo a diario. Y en todo momento trato de transmitir tranquilidad y esperanza a la sociedad actual: todo dentro de una ética periodística adecuada a cada momento. Busco como articulista el informar cuanto antes lo que acontece a mi alrededor. Lo demuestro con mis humildes obras( hijos propios salidos de mis sueños): "Periodismo: ¡Difícil profesión!" (1995) y "Mi compromiso con el periodismo" (1998). Intento penetrar en el difícil mundo de la poesía, y lo lleva a cabo con silencios, diálogos con muertos y con la exaltación del amor a la mujer: el ser más maravilloso sobre la tierra. Trato de demostralo con mis libros de poemas : “Reminiscencias de mi juventud, Poemas" (1994), "Miscelánea de muertes, sueñosy recuerdos, poemas" (1995), "La realidad de mis silencios, poemas" (1997) y "La travesía de la vida, poemas" (2001).Siempre escribo para aprender de los demás, de sus críticas, de sus consejos...He tratado de no mentir, más uno lo haría en dos casos muy concretos: a) para salvar la vida de un ser humano, y b) para elogiar la belleza de una mujer –parto de la base de que para uno existen tan sólo mujeres menos guapas, pues toda mujer tiene su encanto...-.
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