Crónica del concierto de Amaral
Conciertos, Música June 14th, 2008Llegamos justo a las nueve menos cinco. En la entrada del Príncipe Felipe, como de costumbre, vigilan un poco los bolsos, te rompen una esquinita de la entrada, ¡y ya estamos dentro!
Llamamos a los amigos que han llegado antes que nosotras; el grupo se divide en dos: los que quieren vivir el concierto abajo, gritando, saltando, quedándose afónicos y los que prefieren ver a Eva y a Juan sentados, desde las gradas. Ya no supimos de ellos en toda la noche.
Encontramos a los demás, aunque fue algo complicado, porque la pista se estaba comenzando a llenar. Ya no digamos los asientos, todos ocupados, hacía tiempo que el Príncipe Felipe no estaba tan lleno. Amaral había colgado ya hace días el cartel de entradas agotadas en los sitios de venta.
Mientras nos vamos a por algo de bebida, sale al escenario Copiloto, el telonero.
Copiloto ha editado recientemente su disco debut “Defensa del artista que no existe”. Podéis encontrarle en su myspace. Volvemos a situarnos estratégicamente. En el escenario está ahora Sergio Falces, pinchando música de grupos aragoneses (con el audio demasiado bajo, casi no se oía).
Cuando bajan un poco las luces del pabellón, el escenario, en el que nos habíamos fijado nada más entrar, resalta todavía más. Un gran telón rojo, de color intenso, que enmarca el escenario y a los músicos. El telón está cerrado, pero vemos movimientos detrás de él.
Y, por fin, pasadas las diez de la noche sale a escena Amaral.
Como ya sospechábamos, comenzaron con Kamikaze. Eva, guapísima con un vestido negro y unas botas de tacón de aguja, salió a escena con la máscara del videoclip, y Juan, con su inseparable gorra y su guitarra. Las luces se encienden, los efectos audiovisuales acompañan a la música y la voz de Eva nos pone los pelos de punta.
porque estas ansias de vivir no caben en una canción
porque no importa el porvenir, creímos en el rock and roll.
Por eso estamos aquí, equivocados o no…
Y dime si estás conmigo o contra mí…
Se notaba que estaban en su tierra, en casa. Durante más de dos horas no dejaron de tocar la guitarra, cantar y moverse por el escenario. Eva cogió varias veces su guitarra y acompañó a Juan en la melodía.
El Príncipe Felipe vibraba entero y coreaba todas las canciones del grupo mañico. Eva y Juan, además de cantar varias canciones del disco nuevo “Gato negro-Dragón rojo”, recordaron también muchas de sus canciones de discos anteriores.
Será tu voz, será el licor
Serán las luces de esta habitación
Será que suena Marquee Moon
Pero esta noche moriría por vos
Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
De ciencia ficción
La ultima cena para los dos
Pero esta noche moriría por vos
El momentazo del concierto, sin duda, fue cuando ambos salieron a la plataforma que ampliaba el escenario y les acercaba a sus fans para cantar “Cómo hablar”. El telón rojo del fondo se cerró, las luces se atenuaron y la voz de Eva con un acústico resonó por todo el pabellón, poniéndonos los pelos de punta.
A la hora y media de concierto, las luces se apagan y ellos se despiden. Todavía no han salido del escenario y ya estamos pidiendo otra; faltan todavía muchas canciones buenas por tocar.
Sólo se hacen de rogar unos minutos. Se abre de nuevo el telón y aparecen sentados, acompañados de caja, un par de guitarras y el chelo, para tocar algunas canciones más.
¡Y tenemos el testimonio gráfico que asegura que Juan Aguirre no es mudo! Es más, cantó una canción:
También hay que recordar el megáfono de “Revolución” o la armónica de Eva en varias canciones.
No se olvidaron de “Llegará la tormenta”, canción de la Expo que se inauguraba la noche siguiente.
Y llegará, llegará, llegará,
llegará la tormenta
Que anuncia el cieloMe han dicho que has vuelto por fin a tu casa
¿Y qué harás ahora que el viaje se acaba?
Lo bueno, si es breve, dos veces bueno, dicen. Pero nosotros hubiéramos preferido que durase algo más de las dos horas y pico que Amaral estuvo sobre el escenario. Dos horas intensas, disfrutando de uno de los mejores grupos aragoneses, con la guitarra de Juan y la voz de Eva.
Después de esperar un buen rato y ver que no, que no iban a cantar más, comenzamos la ardua tarea de salir del pabellón. Sí que se notaba que habían vendido todas las entradas, sí.
Una vez fuera, con la estupenda noche de verano que hacía, cogimos camino al casco a celebrar el final de exámenes y la primera noche de verano. Pero esa es otra historia…
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