Me he peleado a menudo con diseñadores “modelo el texto sobra“. Ya lo he contado alguna vez aquí. Esos diseñadores necesitan sólo, en todo caso y si viene bien para la composición general, de unas cuantas palabras a modo de motivo gráfico. Si dicen algo o no dicen nada, es lo de menos: sólo hace falta que sean letras, e incluso que algunas de ellas formen palabras y eso. No viene mal que estén: dan algo así como un aire de seriedad.
Yo me agarraba cada rebote que pa qué. Soy de natural impulsivo, ejem. Me descomponía el menudillo oír, con la suficiencia que da el glamour, frases del tipo: ”El texto es excesivo, estropea la limpieza de la imagen”.
Ojjj…
A ver, centremos el tema. Soy la primera que cuando entra en el Palacio de Sástago pasa olímpicamente del supercartelón que suelen colgar a la entrada de las exposiciones, lleno de texto introductorio. Semejante superficie repleta de letras todas juntas desanima hasta a una “leona” como yo.
Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es un violín.
Si “el texto sobra”, e incluso “estorba”, que lo quiten. Pero si está, que tenga fundamento. Necesariamente ha de ser breve: para leer textos largos están los libros, no las exposiciones. Pero si hay textos, que digan algo con sustancia. Y, por favor: que se puedan leer.
Ejemplo reciente: la exposición sobre el CERN que está montada estos días en el Paseo Independencia de Zaragoza.

¿La ven? Pedazo mupi, pedazo fotón y textico chiquirritico que te tienes que empeñar en leer; eso, claro, sólo si es que tienes un interés profundo en leerlo.

Para hacerlo, tienes que ponerte de puntillas junto al soporte de cemento que sostiene el cartelón, que es de buen tamaño. E inclinarte un poco.
Cuando estás haciendo equilibrios, lees. Y cuando lees, lees esto:

“El detector que llegó del frío. En el marco para reconvertir la industria militar rusa, una fábrica en Bogoroditsk (Rusia), produjo más de 73.000 cristales de plomo-tungsteno para el experimento CMS“.
Ondiá si produjo cristales, piensas. Má, qué mogollón de cristales. Y de plomo-tungsteno, ¿eh?
Enfrente del mupi éste está Calzedonia y te metes a comprarte unos calcetines, mientras piensas en el mogollón de cristales de plomo-tungsteno que produjo la fábrica de Bogoroditsk (Rusia) en el marco de reconversión de la industria militar rusa (en Rusia).
Nos dicen: “Bah, es que la gente no lee”. ¿Pa qué te vas a molestar en que los textos de las exposiciones se puedan leer? ¡Que la gente no lee! ¿No lo habíamos dicho ya? Pues lo decimos otra vez. Que los textos manchan la limpieza de la imagen, con lo bien que quedan estos barrotes doraos tan majos, que algo deben de tener que ver con el CERN. Hey, que una imagen vale más que mil palabras. Así que si no entiendes la relación entre los barrotes y el CERN, es que eres tonto.

A todas estas, ¿qué es el CERN? ¿Alguien se ha enterado de lo que pueda ser eso, viendo esta exposición? Ah, calla, que no me acordaba: que la gente no lee. Tá bueeeeno.

En cualquier caso, por si sí o por si no, por si no estamos tan seguros de que la gente mire sin mirar y sin enterarse de nada, en fin, por si acaso, los logotipos que se vean bien: ésos, sí. Aquí ya no importa tanto que manchen la limpieza de la imagen. Que se vean.

Y… bueno, son los que pagan, ¿no? Pues ese factor debe de ser el que hace que no manchen la limpieza límpida de la imagen bella, vacía, en un poste airoso, sobre una base cuadrada de hormigón rosa. Con un fondo negro y dos líneas blancas a modo de fina greca en su base.
(Qué majicos los calcetines que me he mercao en el Calcedonia. También tienen una greca pero ésta es violeta, que se lleva mucho esta primavera.)