Ilegales y Siniestro Total en Sos del Rey Católico
Como recordó Julián Hernández (Siniestro), ayer era el nuevo día de la bestia, 8-8-8. Su humor cubista prendió la mecha de un fusil desgastado y la culata se abrió para desalojar varios tiros, desencajados por comparación. Y no es un jeroglífico: los supuestos teloneros, Ilegales, eran sólo tres, pero con Jorge, el cantante, compositor y guitarra (el mejor guitarra de la historia) habría bastado. Se comieron el tiempo y el espacio (ahora que el espacio es Myspacio). Los grandes clásicos (Soy un macarra, Eres una puta, Caramelos podridos, La fiesta…) se alternaron con rarezas y temas lentos, y estaban felices, y no se iban nunca, y no rompieron nada, y sonaban limpios, directos, magníficos. Por eso lo de que Siniestro Total perdió por comparación. No sé si es que les gusta sonar como si estuvieran metidos en una almohada roñosa, pero llevan un saxo que también toca el teclado, y no se le oye ni lo uno ni lo otro. Y no digamos la voz de Julián: si el tema era de los trillados, podías leerle los labios y tararear. Pero si cantaba algo más reciente (como Joder, Cristina), las estrofas no las seguía ni el apuntador. Por cierto, que ni Ilegales ni Siniestro Total tienen ya un público masivo (lo tuvieron hace veinte años), pero no hay mejores grupos de rock en este país, ni entonces ni ahora. A Siniestro les falta un técnico de sonido que les ponga en su sitio. Lo mejor de ayer, y lo siento mucho, Julián, eres un crack y te admiro inconmensurablemente, fue Jorge Martínez al final de todo, invitado de Siniestro, saltando por encima del riel de la cámara-robot, subiéndose a las gradas. Adoptó maneras de rock star: sabía que había ganado.
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