
Hoy en día encaramos una paradoja peculiarmente similar a la del cortesano: Todo debe parecer civilizado, decente, democrático, y limpio. Pero si jugamos según esas reglas, muy estrictamente, si las tomamos muy al pie de la letra, seremos aplastados por quienes nos rodean, que no serán tan tontos.
Como escribió el gran diplomático y cortesano Nicolás Maquiavelo, “Cualquier hombre que intente ser bueno todo el tiempo, entre la mayoría de quienes no lo son, está condenado a la ruina.”
La corte creía ser el cúlmen del refinamiento y la honestidad, pero debajo de su deslumbrante superficie hervía un caldero de emociones oscuras —codicia, envidia, lujuria, odio. Hoy en día, de manera similar, nuestro mundo cree ser el pináculo del refinamiento y la honestidad, y sin embargo las mismas emociones siguen con nosotros, como siempre lo han hecho. El juego es el mismo.
Por fuera, debes parecer alguien que respetas las delicadezas, pero por dentro, a menos que seas un tonto, aprendes rápidamente a ser prudente, y hacer como aconsejaba Napoleón. Coloca tu mano de hierro en un guante de terciopelo. Si, como en los días pasados de las cortes, puedes dominar el arte de ser indirecto, aprendiendo a seducir, encantar, engañar, y maniobrar sutilmente para superar a tus oponentes, alcanzarás las cumbres del poder.
Para algunas personas, la idea de ejercer concientemente juegos de poder —sin importar cuan indirectamente lo hagan— parece malvada, asocial, o en el mejor de los casos, una reliquia del pasado. Creen que pueden escapar de dichos juegos comportándose de formas que no tengan nada que ver con poder.
Debes cuidarte de tales personas, ya que mientras expresan abiertamente semejantes opiniones, casi siempre se cuentan entre los más adeptos jugadores de poder. Utilizan estrategias que disfrazan astutamente la naturaleza de la manipulación que conllevan. Por ejemplo, esta clase de personas suelen presentar su debilidad y falta de poder como si fuese algún tipo de virtud moral. Pero la verdadera falta de poder, sin motivo de interés personal, no hace publicidad de su debilidad para ganar compasión, simpatía o respeto. …
Robert Greene (EEUU. MAYO DE 1959) ESCRITOR
fernandolarrosalanau.blogspot.com/
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