
Foto FEMOES con teléfono móvil
Doce horas separan la tranquilidad de pasear por una de las más importantes calles de Zaragoza a la incomodidad y el mirar de reojo del paso apresurado. Es difícil en estos tiempos criticar aspectos de la inmigración sin ser acusado de xenófobo, pero voy a intentarlo.
Zaragoza un día normal, 8.30 de la mañana, paseo por Conde Aranda el nombre oficial de la calle, de la ya rebautizada Paseo de Rabat por una gran mayoría de los zaragozanos. Me cruzo con varias personas con paso apresurado camino de sus respectivos trabajos. Es difícil de creer pero solo diez personas se han cruzado conmigo y todas de aspecto español, y es difícil de creer porque 12 horas después a las 20.30 vuelvo a pasear por la misma calle y todo ha cambiado.
Cientos de personas han tomado las calles en su gran mayoría de aspecto extranjero. Y las han tomado literalmente, decenas de comercios regentados por inmigrantes están en plena ebullición. Estos comercios contrarrestan con los cada vez menos negocios de toda la vida que aún resisten en esa calle y que prácticamente no se distingue clientela en su interior. Pero el problema no está allí, que los inmigrantes tengan sus negocios no es ningún problema, tienen el mismo derecho que nosotros. El problema surge por la incomodidad que produce el pasear ante cientos de personas que en las puertas de los comercios se acumulan y te persiguen con su mirada a cada uno que pasa ante ellos, mientras sientes como tu vida está siendo perdonada por esas miradas. No entiendo que hacen allí, se pasan horas y horas en las puertas de esos negocios, cual vigilantes de discoteca, mientras la vida en el interior del negocio sigue.
Mientras, dos personas empiezan a gritar en la calle, mientras uno le suelta un bofetón que yo no me habría levantado del suelo a tan solo 20 metros de donde yo me encontraba. En la puerta de una funeraria, en esa misma calle, veo como dos personas una de ellas con con claros signos de haber llorado, entran en ella tras tener que pedir a seis personas de aspecto rumano que se han sentando en la puerta de la misma, que les dejen pasar. Prosigo caminando mientras 2 somieres y una taza de váter están delante de un portal. Paso delante de la intersección de las calles Cerezo y mas adelante Mayoral, en ellas grupos de 4 0 5 marroquíes vigilan mis movimientos y los de todos los que pasan por ella. No es ninguna paranoia mía, están vigilando, no se el qué pero vigilan…. (SIGUE EN LA WEB)
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