Autosugestión con las antenas de telefonía móvil
En un cercano pueblo aragonés, el Ayuntamiento decidió arrendar una pequeña parcela, en las afueras del casco urbano, alejada de las primeras viviendas, a una compañía de telefonía móvil, para poder dar servicio a toda la localidad, que hasta ese momento tenía una deficiente cobertura. La antena era, como todas las antenas de este tipo, horrible, alta, aparatosa, bastante antiestética y sobresaliendo lo suficiente como para hacerse notar en varios kilómetros a la redonda; siempre me he preguntado por qué no obligar a las compañías a que se pongan de acuerdo y utilicen todas la misma antena, quizás es técnicamente problemático, cosa que no creo a juzgar por el hecho de que suelen estar todas bastante juntas.
Pues bien, al cabo de muy pocos días de estar instalada, el Médico local de Atención Primaria llama al Alcalde y le pide información sobre la antena, ya que el lugar era zona de paso y paseo hacia el Cementerio Municipal, por lo que era relativamente frecuentado por viandantes, en su mayor parte de edad avanzada, que aspiran a disfrutar de la tranquilidad del campo. Al contestarle el Alcalde sobre las razones de esa petición de información, le contesta el Doctor que han acudido a la consulta varias personas mayores quejándose de que, al pasar junto a la antena, notaban dolores de cabeza y malestar general.
Por ello, y alarmado por lo que podría representar un problema de salud pública, era por lo que quería saber desde cuándo funcionaba y si tenía algún otro tipo de información. El Alcalde le contestó que todo eso era un poco extraño, ya que la antena aun no había empezado a funcionar. Y con unas sonrisas mutuas el Sr. Médico y nuestro buen Alcalde dieron por finalizada la conversación.
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