Al mismo tiempo que cientos de veraneantes se agolpan ante el reloj de la torre del ayuntamiento de la Ciudad Vieja para ver cómo desfilan los doce apóstoles de Cristo, un ejército de musculistas forrados de negro y con el pelo al cero, guardan los antros donde se lava el dinero procedente de las actividades mafiosas. Las redes organizadas, casi siempre extranjeras, casi siempre de los países más pobres de la antigua URSS, escupen de vez en cuando algún muerto a los baldosines relucientes. Delante del teatro donde Mozart estrenó Don Giovanni, un gitano gordo llora por teléfono móvil el cadáver aún sin cubrir de su hermano, mientras los omnipresentes policías acordonan la zona en silencio.

0 Comments on “Praga trágica”
Comenta esta noticia