Faustino Casamayor

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Faustino Casamayor (Zaragoza, 1760-1834) fue un cronista extraoficial de la ciudad. Gestó una gigantesca obra manuscrita, en 49 volúmenes, que abarca 51 años de la Historia de Zaragoza, desde 1782 a 1833. Estos volúmenes están depositados en la Biblioteca de la Universidad, y fueron digitalizados horrorosamente (no se ve nada) para ponerlos a “disposición” del público en Internet.

En el año 2005, la Editorial Comuniter publicó el estudio de Concepción Sánchez Rojo “Faustino Casamayor: un observador de Zaragoza entre dos siglos. 1760-1834″. Pero estaba pendiente la edición de la obra original, cuyo título completo es “Años políticos e históricos de las cosas particulares ocurridas en la Imperial y Augusta Ciudad de Zaragoza”. La misma Editorial Comuniter nos invita a la presentación de los tres primeros volúmenes (los correspondientes a los Sitios y la Guerra de la Independencia):

El director de la Editorial Comuniter y el director de la Institución «Fernando el Católico» se complacen en invitarle a la presentación de los tres primeros volúmenes de “Zaragoza” de Faustino Casamayor, correspondientes a los años 1808-1809, 1810-1811 y 1812-1813, con estudios introductorios de Pedro Rújula, Herminio Lafoz y Carlos Franco de Espés, respectivamente. Intervendrán en el acto Carlos Forcadell, director de la Institución «Fernando el Católico», Manuel Baile, director de la Editorial Comuniter y Pedro Rújula, coordinador de la obra. La presentación tendrá lugar en la librería FNAC (Coso, 25), el próximo martes, 3 de junio de 2008, a las 20:30 h. La entrada es libre.

Enhorabuena a esta editorial por la iniciativa, que nos ayudará a todos a entender mejor los Sitios y los Contrasitios.

Muestras icónicas de Zaragoza

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El fiero león, animal símbolo de Zaragoza que aparece en su escudo, en escultura al pie del monumento a Alfonso I en el Parque Grande; la torre de la Catedral del Salvador o de la Seo; la estatua de César Augusto, fundador de la ciudad, regalada por Mussolini; la torre a modo de faro de la antigua Feria de Muestras, hoy sede de la Cámara de Comercio; el Obelisco de la plaza de Europa, símbolo fálico como la columna o Pilar donde se asienta la talla de la Virgen; la estatua de San Valero, patrón de Zaragoza, de Pablo Serrano, junto a la puerta de la Casa Consistorial; una de las torres de la Basílica del Pilar, que tiene rango de Catedral como la Seo; la estatua de Alfonso I el Batallador, rey conquistador de Zaragoza, levantada en el Cabezo de Buenavista; la torre mudéjar de la Iglesia de la Magdalena; el monumento al Justicia Juan de Lanuza, decapitado por Felipe II para demostrar qué leyes eran las aplicables, si las de Madrid o las de Aragón; el torreón de la Zuda, reconstrucción de uno de los muchos de la muralla romana del siglo IV que rodeó la ciudad; la Fuente de la Princesa o de Neptuno, primera que surtió de agua con canalización al centro, hoy sita en el Parque Grande; y la torre de comunicaciones de la Compañía Telefónica, popularmente el Pirulí, en la zona de expansión que simboliza el futuro de la urbe.

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Estas trece muestras icónicas sirven de resumen cultural, artístico, histórico, comercial, tecnológico -y humano al fin- de lo que la ciudad fue, es y será. Aparecen en las respectivas portadas de las Crónicas de Zaragoza de Antonio Beltrán, de 1998 a 2004, editadas por el Ayuntamiento. Como las últimas crónicas anteriores se publicaron en 1960 (Blasco Ijazo), habrá que esperar seguramente otros 38 años para saber cuáles son los restantes iconos y sucedidos recopilados.

El antiguo Taller de los hermanos Albareda

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En la calle de Miguel Allué Salvador, número 9 de Zaragoza (antigua calle de Santiago Dulong, 7: ambos alcaldes de la ciudad; éste último durante la I República) se levanta un edificio con esquina a la calle Balmes, 2 y trasera al Paseo de la Mina. Se trata del antiguo Taller de los hermanos Albareda, José y Joaquín. Sobre la puerta principal, aún se puede leer: “El arte cristiano. Imágenes y retablos religiosos. Albareda Hermanos”.

Este bonito edificio fue proyectado en 1939 por Teodoro Ríos, como “Estudios y Taller de Arte Sacro de Albareda Hermanos”. La fachada principal, de dos plantas y sótano, correspondía a oficinas, y el módulo trasero, de una planta, era el taller propiamente dicho. Es de estilo neogótico con tendencias regionalistas.

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Hasta hace muy poco tiempo, a través de las ventanas del Paseo de la Mina aún se podían ver grandes tallas religiosas mutiladas que permanecían en el local como fantasmas del pasado. Muchos de los pasos procesionales de la Semana Santa zaragozana fueron confeccionados aquí. Las ventanas sin cristales hicieron del lugar habitación de las palomas, y la impresión mostrada era que los responsables pretendían su depauperación para declararlo en ruinas y poder derribarlo.

En 2007, el Ayuntamiento aprobó una “expropiación en avenencia” con los dueños del inmueble: se permutó por una parcela en el polígono industrial Empresarium de La Cartuja. Se trataba del final de un proceso que comenzó cuando en los años noventa se quiso poner allí un bar de copas, pero los exquisitos señoritos de la zona de la Plaza de los Sitios auguraron molestias y evitaron la iniciativa. El equipo del entonces alcalde José Atarés, del Partido Popular, inició los trámites para convertirlo en un local de equipamientos municipales. Hasta la fecha no se sabe cuáles serán sus cometidos, ni cuándo comenzarán las obras de acondicionamiento. De momento, los vanos están cerrados con ladrillos para evitar la ruina.

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En la fotografía podemos ver a los hermanos Albareda trabajando en el interior de su taller. A la izquierda, José, con gafas; en el centro Joaquín, sentado y con bigote. Joaquín Albareda también dirigió la Escuela de Artes y el Museo Provincial de Zaragoza.

El cierre de Casa Lac

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En agosto de 2003 cerró sus puertas el restaurante zaragozano Casa Lac. En su página web hay un apartado dedicado a recopilar los artículos de prensa que se publicaron entonces con ese motivo. Acabo de añadir el que escribió Antonio Beltrán, fallecido cronista de la ciudad. En ese artículo hay una frase que fue el germen del libro El Tubo. Memoria de un abandono. Fotografías 2000-2004, que publiqué junto a Miguel Lizana.

Reivindicación sexy

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El título completo de este cortometraje del año 1998 de 2 minutos es “Reivindicación retrospectiva del cine en los países del Este de Europa durante la década de los sesenta o Recreo megalomaníaco de un caricato egocéntrico sexy”. Se trata de la deconstrucción de un día en la vida de un señor con gafas.

Más cortometrajes en Tausiet PC

Tierra sin pan (Las Hurdes, 1933)

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Cartel de Las Hurdes

La apuesta de este documental de media hora es mostrar la realidad de un modo descarnado, en este caso la pobreza rural. Se centra en la comarca de Las Hurdes, en la provincia española de Cáceres. Estrenada un año después de la afiliación de Luis Buñuel al Partido Comunista francés.

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Contrasitios (6). Citas y enlaces

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Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido
(VI)
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron.

Citas y enlaces

“Cuando los soldados de Napoleón entraron en Zaragoza en la VIL ZARAGOZA, no encontraron más que viento por las desiertas calles. Sólo en un charco croaban los ojos de Luis Buñuel. Los soldados de Napoleón los remataron a bayonetazos.”
Luis Buñuel, “Palacio de hielo” (1927)

“Zaragoza, ciudad afortunada en aquel tiempo por el sabio jefe que tenía a su cabeza, el teniente general don Jorge Juan Guillelmi, y por la multitud de gente docta que ilustraba a aquella capital y a toda la provincia.”
Manuel Godoy, “Memorias” (1836)

“En Cádiz estaban las ideas sin acción; en el resto de España, la acción sin ideas.”
Karl Marx, “La España Revolucionaria” (1854)

“El resultado de la guerra fue que en España se afianzó una monarquía de raíz francesa: los Borbones, que ahí sigue dos siglos después.”
Javier Ortiz, “El 2 de mayo” (2008)

Introducción histórica a los Sitios de Zaragoza. Versión oficial:
http://usuarios.lycos.es/asociacionlossitios/intoduccionhistorica.htm

Los afrancesados, según la Gran Enciclopedia Aragonesa:
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=259

¿Era unánime en la población el sentimiento antifrancés?:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=329356

¿Si hubieran triunfado los franceses hoy seríamos afrancesados?:
http://lossitiosdezaragoza.wordpress.com/2008/01/28/entrevista-a-santiago-gonzalo-presidente-de-la-asociacion-cultural-los-sitios-de-zaragoza/

Especial sobre los Sitios en Heraldo de Aragón:
http://www.heraldo.es/especiales/sitios1808/

Artículo de Javier Ortiz sobre el 2 de mayo:
http://www.javierortiz.net/jor/dedo/el-2-de-mayo

Comentario en “La borraza blanca” respecto al levantamiento:
http://borraza.blogspot.com/2008/05/24-de-mayo-de-1808-24-de-mayo-de-2008.html

Contrasitios (5). La permanencia francesa en Zaragoza

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Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido
(V)
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron.

La permanencia francesa en Zaragoza

Desde la rendición de 1809, Francia gobernará la ciudad bajo el mando de Suchet hasta el 9 de julio de 1813. Más de cuatro años. ¿Qué pasó entonces?

Según la Guía de Zaragoza de 1860, “Durante la permanencia de los franceses en Zaragoza, se mejoró la ciudad y sus afueras; proyectándose vastas obras de pública utilidad, que los acontecimientos de la guerra impidieron verificar. Propagandistas y creadores, dejaron en Zaragoza huellas de su paso; y, como en todas partes, semillas de otras ideas que en su día habían de germinar. Aquellas semillas brotaron a principios del año 1820, proclamándose en Zaragoza la Constitución”.

El Paseo de la Independencia -el nombre es posterior, obviamente (1860)- fue proyectado por los franceses (Paseo Imperial), con sus arcos copiados de la calle Rivoli parisina. También es de esta época la prohibición sanitaria de enterrar a los muertos en las parroquias del centro. Y la nueva y profusa iluminación con faroles de aceite por la ciudad, durante toda la noche.

El 20 de julio de 1813 se proclamó en Zaragoza la Constitución de 1812: fue un primer intento fallido. El 6 de abril de 1814 Fernando VII visitó la ciudad durante cinco días. Durante su estancia, varios zaragozanos arrancaron la lápida conmemorativa de la Constitución que se había instalado en las ruinas del convento de San Francisco (actual Diputación Provincial, en la Plaza de España). El 4 de mayo, Fernando VII derogó la Constitución.

Contrasitios (4). El General Guillelmi

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Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido
(IV)
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron.

El General Guillelmi

El capitán general del ejército de Aragón Jorge Juan Guillelmi y Andrada (Sevilla, 1734) tenía 74 años el 2 de mayo de 1808, cuando los franceses se enfrentaron a los madrileños. En un bando de 5 de mayo pidió prudencia y concordia a los zaragozanos. 19 días después, tras sacarlo a la fuerza de la Capitanía General y Audiencia Territorial (Palacio de los Luna, en el Coso, 1) fue encarcelado en la Aljafería, donde murió el 12 de marzo de 1809, siendo enterrado en la iglesia de San Martín de dicho castillo sin ningún tipo de ceremonia.

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Otra versión de los hechos dice que los franceses lo liberaron los primeros días de abril de 1809, muriendo poco después. Pero esa misma versión, de la Gran Enciclopedia Aragonesa, afirma que Guillelmi no era un afrancesado, “sino un anciano militar apegado a la legalidad”. Esta insinuación se cae por su propio peso si consideramos que se trataba de un catedrático de matemáticas, viajero, conocedor de varios idiomas y excelente pintor: véase ilustrando este texto el “Trampantojo dedicado a don Francisco Antonio de Lacy”, obra de Jorge Juan Gullelmi de 1783. Además, en el mismo artículo se afirma que era de origen italiano, pero su padre nació en Bruselas. Por eso su apellido se pronuncia “Guillelmí”.

En la obra recopilatoria “Prisiones de Europa” (1863) podemos leer: “El general fue tratado en la Aljafería con la mayor consideración hasta el 14 del inmediato junio de 1808”.

El 15 de junio de 1808 se presenta el ejército francés en Zaragoza, pidiendo la rendición, que les es denegada. El 22 de febrero de 1809 Zaragoza capitula ante los franceses, tras el segundo Sitio.

Contrasitios (3). El apoyo zaragozano a los franceses en los Sitios

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Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido
(III)
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron.

El apoyo zaragozano a los franceses en los Sitios

Zaragoza fue una más de las ciudades donde entraron las tropas de Napoleón. La resistencia a los franceses en esta ciudad duró más tiempo del esperado, y este hecho provocó la destrucción de gran parte de los edificios, la muerte de miles de personas y, sobre todo, la utilización posterior de los llamados Sitios de Zaragoza como motivo nacionalista folclórico.

Más allá de las notas de la época en las que se nos habla de militares zaragozanos fieles a los franceses, capturados y fusilados, y algunos aristócratas proclives a la invasión, que rápidamente huyen con su fortuna, no hay referencias sobre los habitantes de la ciudad que defendían el pensamiento ilustrado. Pero probablemente, unos pocos aragoneses favorables a las ideas revolucionarias seguían manteniendo reuniones secretas en algún lugar de Zaragoza…

Durante los Sitios, se extendió entre los zaragozanos la obsesión por los espías. Se levantaron horcas en los acostumbrados lugares públicos y no pocos cuerpos de “espías franceses” fueron exhibidos públicamente colgados de ellas.

Doscientos años después, más de sesenta calles y plazas de Zaragoza homenajean al bando antifrancés. Benito Pérez Galdós escribió en sus Episodios Nacionales la mentira que luego se preprodujo en los billetes de mil pesetas de la democracia: “Entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”. Zaragoza sí se rindió, y perdió la guerra, aunque lamentablemente por poco tiempo. Sólo cinco años más tarde, volvió la monarquía absolutista y el antiguo régimen, cuyos coletazos aún resuenan entre los conventos, las iglesias, los colegios y los cuarteles de la ciudad.

Agustina de Aragón, el General Palafox y el resto de los supuestos héroes de los Sitios de Zaragoza también se pueden ver desde la perspectiva de los ilustrados. Fueron quienes consiguieron que España continuase en la Edad Media hasta los años setenta del siglo XX. Mientras, Francia y el resto de Europa avanzaban hacia su modernización.

Dos siglos de estancamiento moral, político y social, con las únicas excepciones de los períodos liberales y republicanos, rápidamente fulminados. Un país que se queda sin intelectuales. Pero, ¿cuál fue el papel de los afrancesados en los Sitios de Zaragoza?

Francisco de Goya, nacido en un pueblo cercano a Zaragoza y que vivía en Madrid, donde alternaba con intelectuales como Moratín o Jovellanos, reflejó en sus grabados y pinturas los horrores de la guerra. Al mismo tiempo, retrataba a los reyes y su corte. José I, el hermano de Napoleón, otorgó a Goya la Orden Real de España, galardón que premiaba las adhesiones a su corona. Cayó en desgracia tras la restauración de Fernando VII, hasta que en 1824 se exilió en Burdeos, siguiendo la estela de tantos otros que veían amargamente cómo su país avanzaba hacia el abismo. Uno de los grabados sobre “Los desastres de la guerra” se tituló “Con razón o sin ella” (ver ilustración de este texto). Se trata de un fusilamiento por parte de soldados franceses. El título refleja la contradicción en la que se tuvo que mover el pintor: defensor de la diosa razón, como sus amigos afrancesados, fue testigo de una contienda cruel con sus consabidas atrocidades.

El pueblo acabó gritando “Vivan las cadenas”, arrastrado por la ola de ceguera que les llevaba a solicitar un monarca absolutista, y la constitución liberal de 1812 sólo estuvo vigente dos años, además de otros breves momentos posteriores de la Historia de España.

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