ranillas2005.jpg

Hace tres años, la capital de Aragón contaba con una fértil huerta en el terreno del meandro de Ranillas, “la más rica y productiva de Zaragoza”. La decisión de celebrar en su lugar una Exposición Internacional ha sido muy positiva para la ciudad, posibilitando la recuperación urbana de las riberas de los ríos y el Canal y hermanando barrios que vivían separados por el Ebro, pero también ha significado la muerte de un ecosistema creado por el hombre: la huerta.

El moderno impulso pseudo yuppie, artificioso, acrítico y falsamente ecologista ha llevado a celebrar un evento de reyes, arzobispos, embajadores y buenrollismo nuevaolero que se ha erigido como nuevo dios del desarrollo sostenible. El ejemplo más flagrante es el Parque del Agua (marca registrada), oficialmente denominado Luis Buñuel (que solía beber Martinis). Se trata de sumar hectáreas de zonas verdes para la ciudad… donde antes había hectáreas de zonas verdes.

La neurovisión tipo “parque temático” ha convertido la Mejana de Torre Bergua de Ranillas en la Isla de los Pájaros, y las hileras de ricas borrajas en un Canal de Aguas Bravas, “el único del mundo en zona urbana”. Pero veamos unos pocos datos.

La Huerta de Ranillas, situada en la llanura de inundación (visiten el Parque con flotador, por si acaso), ocupaba una extensión de 140 hectáreas. El vigente Plan General de Ordenación Urbana de Zaragoza (aprobado en 2001 con los votos de PP e IU) denomina este entorno “suelo no urbanizable especial de protección del ecosistema natural”, dentro de la categoría de sotos, galachos y riberas fluviales.

“La historia de Zaragoza ha estado ligada a la huerta. La agricultura fue uno de los principales sectores productivos de la ciudad” (Conde y Mérida). Los límites de la muralla medieval configuraban el paso de la zona urbanizada a la huerta que rodeaba todo el perímetro habitado. Incluso sobrevivía una huerta en el interior del recinto: la de Santa Engracia. Casualmente, la Exposición Hispano-Francesa de 1908 la hizo desaparecer. La Historia se repite, la Historia se repite, la Historia se repite.

El valor productivo (despensa de productos frescos); el valor ambiental (oxigenación y paisaje); y el valor cultural (historia, arquitectura) hacían que la conservación de la huerta no fuera una locura de cuatro ecologistas pirados. Pero, como dice un amigo naturalista:

La Expo ya esta aqui y está de más debatir sobre ella. Es cosa de unos meses que el tiempo dé y quite razones sobre las intervenciones en Zaragoza. Todas muy necesarias, pero no todas ejecutadas con el mimo y cuidado que la ciudad y los ciudadanos merecen.

Es evidente que este aspecto negativo de la Expo 2008 no tiene discusión; como tampoco creo que la tengan los aspectos positivos enunciados al principio del texto. Las monedas tienen dos caras, y ésta es una de ellas, la más fea. La reciente manifestación contra la Expo mantiene a día de hoy su cartel en la puerta de la sede del Partido Comunista de Aragón en Zaragoza; al mismo tiempo, la organización federal de Izquierda Unida en nuestra región ha invitado a los miembros del resto del país a visitar la Exposición. Más allá de las divergencias ideológicas, esta aparente contradicción no es más que la evidencia de que las verdades absolutas llevan siglos de vacaciones.

Y para terminar, una reflexión de Olga Conde y Mariano Mérida en el librico “Zaragoza. Entorno natural”:

A pesar de la pérdida de espacio agrícola, Zaragoza parte todavía de una situación bastante favorable en comparación con otras ciudades. Las huertas de Juslibol, Monzalbarba y Alfocea constituyen extensas cuñas verdes, todavía productivas, cuya conservación es una importante apuesta de futuro.

expochiquito.jpg

Enlaces imprescindibles:
Soitu.es: Expo convierte la huerta más productiva de Zaragoza en moderna apuesta urbana

Ecologistas en Acción: Contra la Expo 2008 en el Meandro de Ranillas
Compleganza: El Ebro y el meandro de Ranillas. Un espacio amenazado junto a la ciudad
Expo No: Noticias contra la Expo 2008


Related Post

  • No Related Post