El río Gállego nace en la frontera pirenaica con Francia (Galia, de ahí su nombre) y llega hasta Zaragoza, donde desemboca en el Ebro. El plan de acompañamiento de la Expo 2008 también ha llegado hasta allí, con algo de retraso. Y ha dejado un paraje inigualable.
Esta tarde he salido de casa con la sana intención de jugar a los semáforos. Consiste en caminar siguiendo la ruta que te marquen los que estén en verde. Después de estar a punto de volver al punto de partida, por fin he logrado alejarme.
El recorrido (de varios kilómetros, eso sí) me ha llevado hasta el Anillo Verde de Zaragoza, en el punto en que el Azud cruza el Ebro. Atardecía y todo era una maraña de bicicletas municipales, cielos estallando en rojo y ciudadanos que si fuesen gatos ronronearían.
El absurdo de ponerle una presa al río para que luego no puedan navegar los barcos si no se draga tiene un punto positivo: los barrios de Las Fuentes y Vadorrey -antes lejanos- están al lado, a pie o en bici. Una vez en la margen izquierda, unos pasos al Este… y te adentras en un parque donde comienza un paradisíaco camino de madera, entre el trinar de las aves silvestres y la vegetación exuberante.
Poco después te encuentras en un mirador, justo donde desemboca el Gállego en el Ebro. Pero ahí empieza lo mejor. El camino de madera desaparece y se convierte en una estrecha senda preciosa y solitaria que acompaña al río Gállego, hasta llegar al apocalíptico solar de Chatarras Ebro, en el camino del Vado. Allí te saluda un cartel deliciosamente absurdo:
Acaban de editar una guía del Anillo Verde de Zaragoza. Es muy recomendable (el Anillo y la guía).



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