Contrasitios (3). El apoyo zaragozano a los franceses en los Sitios
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Con razón o sin ella. Mejor nos hubiera ido (III)
Apuntes para una Historia de la presencia francesa en Zaragoza (1808-1814) y de los ilustrados afrancesados que la apoyaron.
El apoyo zaragozano a los franceses en los Sitios
Zaragoza fue una más de las ciudades donde entraron las tropas de Napoleón. La resistencia a los franceses en esta ciudad duró más tiempo del esperado, y este hecho provocó la destrucción de gran parte de los edificios, la muerte de miles de personas y, sobre todo, la utilización posterior de los llamados Sitios de Zaragoza como motivo nacionalista folclórico.
Más allá de las notas de la época en las que se nos habla de militares zaragozanos fieles a los franceses, capturados y fusilados, y algunos aristócratas proclives a la invasión, que rápidamente huyen con su fortuna, no hay referencias sobre los habitantes de la ciudad que defendían el pensamiento ilustrado. Pero probablemente, unos pocos aragoneses favorables a las ideas revolucionarias seguían manteniendo reuniones secretas en algún lugar de Zaragoza…
Durante los Sitios, se extendió entre los zaragozanos la obsesión por los espías. Se levantaron horcas en los acostumbrados lugares públicos y no pocos cuerpos de “espías franceses” fueron exhibidos públicamente colgados de ellas.
Doscientos años después, más de sesenta calles y plazas de Zaragoza homenajean al bando antifrancés. Benito Pérez Galdós escribió en sus Episodios Nacionales la mentira que luego se preprodujo en los billetes de mil pesetas de la democracia: “Entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”. Zaragoza sí se rindió, y perdió la guerra, aunque lamentablemente por poco tiempo. Sólo cinco años más tarde, volvió la monarquía absolutista y el antiguo régimen, cuyos coletazos aún resuenan entre los conventos, las iglesias, los colegios y los cuarteles de la ciudad.
Agustina de Aragón, el General Palafox y el resto de los supuestos héroes de los Sitios de Zaragoza también se pueden ver desde la perspectiva de los ilustrados. Fueron quienes consiguieron que España continuase en la Edad Media hasta los años setenta del siglo XX. Mientras, Francia y el resto de Europa avanzaban hacia su modernización.
Dos siglos de estancamiento moral, político y social, con las únicas excepciones de los períodos liberales y republicanos, rápidamente fulminados. Un país que se queda sin intelectuales. Pero, ¿cuál fue el papel de los afrancesados en los Sitios de Zaragoza?
Francisco de Goya, nacido en un pueblo cercano a Zaragoza y que vivía en Madrid, donde alternaba con intelectuales como Moratín o Jovellanos, reflejó en sus grabados y pinturas los horrores de la guerra. Al mismo tiempo, retrataba a los reyes y su corte. José I, el hermano de Napoleón, otorgó a Goya la Orden Real de España, galardón que premiaba las adhesiones a su corona. Cayó en desgracia tras la restauración de Fernando VII, hasta que en 1824 se exilió en Burdeos, siguiendo la estela de tantos otros que veían amargamente cómo su país avanzaba hacia el abismo. Uno de los grabados sobre “Los desastres de la guerra” se tituló “Con razón o sin ella” (ver ilustración de este texto). Se trata de un fusilamiento por parte de soldados franceses. El título refleja la contradicción en la que se tuvo que mover el pintor: defensor de la diosa razón, como sus amigos afrancesados, fue testigo de una contienda cruel con sus consabidas atrocidades.
El pueblo acabó gritando “Vivan las cadenas”, arrastrado por la ola de ceguera que les llevaba a solicitar un monarca absolutista, y la constitución liberal de 1812 sólo estuvo vigente dos años, además de otros breves momentos posteriores de la Historia de España.

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