Zaragozame

Oficios zaragozanos perdidos

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Según Antonio Beltrán en su libro “Zaragoza. Calles con Historia” (1999),

En 1601, las cofradías o gremios que agrupaban a sus componentes en calles o plazas eran, entre otros, zapateros y chapineros, cerrajeros, corredores de aceite, colchoneros, freneros, agujeros y puñaleros, libreros, herreros, cereros y confiteros, tejedores de lana y lino, manteros, corredores de ropa, zurradores, tintureros, pelaires, mesoneros, tejedores de algodón, veleros, plateros, blanqueros, sastres, bordadores, sombrereros, torcedores de seda, esparteñeros y sogueros, velluteros, calceteros, guanteros, carreteros y cocheros, caldereros, silleros y guarnicioneros, pintores, guadamecileros y batihojas, albarderos, cesteros y naiperos. Al salir los moriscos, la ciudad se quedó sin alfareros.

Como muchos de los oficios que se nombran en esta lista no perviven hoy en Zaragoza, algunas de las palabras puede no ser comprendida. Así que aquí van unas cuantas aclaraciones, dando por sentado que el significado de zapatero, cerrajero, puñalero, herrero, confitero, tejedor, mantero, mesonero, platero, sastre, bordador, sombrerero, guantero, carretero, cochero, sillero, pintor, cestero y alfarero es de todos conocido, o al menos imaginado. Las he puesto por orden alfabético, a modo de pequeño diccionario de oficios zaragozanos perdidos. Y de paso he añadido algunos más: por un lado alcahuetas, nigromantes, comadronas, hechiceras y saludadores (términos recogidos en los estudios de María Tausiet) y por otro aguadores, arcedianos y broqueleros, presentes todavía en los nombres de tres calles zaragozanas. La lista no pretende ser exhaustiva. Sólo la he confeccionado a modo de muestra curiosa.

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Aguador. Persona que distribuye y vende el agua en recipientes.

Agujero. Fabricante o vendedor de agujas.

Albardero. Fabricante o vendedor de albardas, aparejos de caballería.

Alcahueta. Persona que concierta una relación amorosa. Oficio comúnmente realizado por mujeres y asociado a la hechicería.

Arcediano. Cargo eclesiástico asociado a una catedral, dependiente del arzobispo.

Batihoja. Artífice que a golpes de mazo labra metales, reduciéndolos a láminas.

Blanquero. Enjalbegador, el que blanquea las paredes con cal, yeso o tierra blanca.

Broquelero. En origen, quien confecciona broqueles o pequeños escudos. En Zaragoza, denominación de ciertos campesinos que con ayuda de espadas y broqueles reprimieron el motín del pan de 1776.

Calcetero. Confeccionador de calzas, prenda de vestir que cubre las piernas.

Calderero. El que hace calderas y calderos, recipientes metálicos para cocinar.

Cerero. Quien adapta para su uso o vende la cera.

Chapinero. El que hace o vende chapines: chanclos de corcho, forrados de cordobán, muy usados en tiempos por las mujeres. Un chanclo es una sandalia; y el cordobán, piel de cabra.

Colchonero. En principio, el que hace y/o vende colchones. Pero es un oficio que hasta hace bien poco incluía también varear, es decir, sacar el contenido del colchón (hebras de lana) y sacudirlo al aire repetidamente con un palo hasta que se ahuecaba.

Comadrona. Persona que asiste a las parturientas. Casi siempre mujer. Asociado a la hechicería.

Corredor. El que comercia por cuenta de otro. En el párrafo aparecen los del aceite y los de la ropa.

Esparteñero. Alpargatero, persona que hace o vende esparteñas o alpargatas, calzado de lona con suela de esparto o cáñamo.

Frenero. Fabricante o vendedor de frenos para caballerías.

Guadamecilero. Persona que elabora guadamecíes o guadamacíes, objetos de cuero adornados con dibujos de pintura o relieve labrado o repujado.

Guarnicionero. QUien trabaja con el cuero.

Hechicera. Que practica la hechicería, arte de modificar los hechos mediante conjuros. Generalmente mujeres, con el fin de provocar suerte amorosa. Asociado a la alcahuetería.

Librero. Encuadernador.

Naipero. El que confecciona cartas de juego o naipes.

Nigromante. El que ejerce de adivino invocando a los muertos y al diablo. Generalmente varones, con el fin de encontrar tesoros ocultos.

Pelaire. Encargado de preparar la lana que ha de tejerse.

Saludador. Persona que se dedica a curar enfermedades mediante rituales. Cierto tipo de curandero, el que ejerce prácticas curativas al margen de la medicina oficial.

Soguero. Fabricanto o vendedor de sogas, cuerdas gruesas de esparto.

Tinturero. Tintor, el que tiene por oficio teñir.

Torcedor. Hilador, que reduce a hilo el cáñamo, el lino, la lana, el algodón, la seda, etc.

Velero. El que hace velas o las vende.

Vellutero. Quien trabaja en seda, especialmete en felpa: tejido con pelo o vello.

Zurrador. Curtidor, el que quita los pelos y prepara las pieles para su uso.

La política de Zaragoza Cultural respecto al cine

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Entrevista sobre la política de Zaragoza Cultural respecto al cine, realizada por Luedro a Luis Antonio Alarcón (A) y Antonio Tausiet (T).

- ¿La gestión que está realizando Zaragoza Cultural está afectando notablemente a la realización de festivales cinematográficos en la ciudad?

(A) Evidentemente sí. La principal prueba es que el año pasado no se celebró la que iba a ser la séptima edición de Cinefrancia. Con eso se dice todo. De todos los caminos posibles se optó por el más fácil y desconsolador: suprimir.

(T) La pregunta incluye la respuesta, en la palabra “notablemente”: los gestores de la cultura local son los responsables de la realización de los certámenes; la política que trasciende al respecto es errática. Habría que añadir aquí que la cultura está más arrinconada que nunca en el orden de prioridades de las instituciones.

- ¿Tendría que destinar más dinero Zaragoza Cultural al impulso del cine en la ciudad? ¿Hay una carencia económica, por tanto, en esta situación?

(A) Sobre todo tendría que cuidar lo que tiene. Empezando por no eliminar Cinefrancia, impulsar Jóvenes Realizadores definitivamente y llevar a cabo un proyecto serio con la Filmoteca. El dinero es importante, por supuesto, pero también e incluso más hacer una buena gestión. El cine, la cultura, no ha de ser moneda de cambio en ningún caso y no tiene que medirse únicamente por su rendimiento económico. Hay que trabajar y buscar las mejores soluciones para cada situación concreta, creando equipos especializados que dispongan de margen de maniobra y no estén subordinados a cortapisas políticas. Por otra parte, la colaboración de la empresa privada en nuestra ciudad es muy limitada. Lo ideal sería que hubiera un encuentro entre ambas partes, la pública y la privada. Que los primeros estuvieran más abiertos a los segundos y que éstos apostaran de forma más decidida por la cultura.

(T) El cine está siendo maltratado por el Ayuntamiento de Zaragoza. Las partidas económicas son insuficientes, pero más allá de eso las propuestas concretas son desalentadoras. Se ha dejado de celebrar Cinefrancia en 2007, y el anunciado gran Festival Internacional de Cine de la ciudad parece que es sólo un cambio de denominación del Festival Nacional de Jóvenes Realizadores. La idea de aglutinar en ése el resto de festivales y muestras ya era nefasta; la solución final, ridícula.

- Finalmente parece que Cinefrancia será una realidad. ¿Es importante que Zaragoza Cultural apueste por este festival?

(A) No está tan claro que esto vaya a ser así. ¿Será el Festival que era o se convertirá en otra cosa distinta? Eso está por ver y creo que en el ambiente prevalece el escepticismo. En cualquier caso sí que es importante por muchos motivos. Desde la existencia de Cinespaña en Toulouse, ciudad con la que Zaragoza está hermanada, hasta la posibilidad de ver cine en versión original subtitulada del país que mejor cuida el cine en Europa, pasando porque son vecinos nuestros. La posibilidad de compartir experiencias con su industria y sus creadores hacía de la cita un hecho muy importante.

(T) No se sabe a ciencia cierta, pese a haber sido recientemente aprobada su vuelta, si Cinefrancia volverá a existir. Lo último publicado al respecto es que se reconvertirá en una muestra dentro del Festival. El director del certamen en sus últimas ediciones (Gaizka Urresti) ha manifestado que nadie se ha puesto en contacto con él para retomarlo.

- Pilar Alcober anunció la realización de un festival de gran magnitud en Zaragoza, ¿es más bien una utopía? ¿Zaragoza Cultural podría hacer frente a los gastos del mismo?

(A) En la situación actual no podría realizar ese “gran festival” que se anunció y que aparece como proyecto estrella en el apartado cultural de la nueva legistatura. En la anterior era “Zaragoza, ciudad del cine” y se lo ha tragado las obras de la Expo. La sensación generalizada es que se lanzan propuestas de las que, en el mejor de los casos, no se ha estudiado su viabilidad y, en el peor, ni siquiera existe un proyecto detrás. Se juega con las ilusiones de mucha gente y eso no se tiene en cuenta con tal de conseguir algún voto más o llamar la atención.

(T) No es una utopía, si con eso nos referimos a algo irrealizable. Lo que sí parece es una tomadura de pelo, puesto que los contactos entre los responsables de Zaragoza Cultural y José Luis Anchelergues (director del Festival de Jóvenes Realizadores) han dado como resultado que el gran Festival anunciado será la continuación del existente, con cambio de orientación y denominación. De todos modos, la propuesta de aglutinar los festivales y muestras de la ciudad (heterogéneos y eficaces) en uno sólo, ya era delirante. Si se pretendía (ya vemos en qué ha quedado) que Zaragoza tuviese un Festival de Cine importante, éste debería ser otro, añadido a los eventos que ya hay, y centrado en una temática concreta, original y diferenciadora.

- En líneas generales ¿qué debería hacer Zaragoza Cultural en cuanto a cine se refiere?

(A) Insisto en lo que ya he dicho: cuidar lo que tiene. Tomarse en serio las propuestas y apoyarlas con todas las consecuencias, trabajando por establecer proyectos realistas y contando con la gente válida y preparada que hay para ello. Todo ello al margen de las directrices de partido. Si un proyecto es bueno y funciona da igual con quien haya surgido. Del mismo modo, si se recaban apoyos desde lo privado o éste quieren entrar, allanar el camino de cara a colaboraciones fructíferas para todos.

(T) Las palabras de la anterior responsable de cultura en el Ayuntamiento de Zaragoza, Rosa Borraz, cuando accedió a su cargo, fueron muy optimistas al respecto: se iba a dar la importancia merecida al audiovisual en la ciudad. Paralelamente, se anunció por parte de las autoridades regionales la creación de un Instituto Aragonés del Audiovisual, que se fue posponiendo hasta desaparecer toda referencia. Tampoco se vio ningún avance municipal al respecto. La actual situación de quiebra de la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural no hace prever noticias halagüeñas. Lo que debería hacerse es potenciar el entramado de gestiones dispersas preexistentes, por parte de organizadores de eventos individuales y asociaciones; patrocinar, apoyar y publicitar las iniciativas de otras entidades (Universidad, Cineclub, Tertulia, Centros Comerciales) y darle contenido a la Zaragoza Film Commission, como primeras medidas. Recuperar Cinefrancia en toda su extensión, reforzando los contactos con Cinespaña de Toulouse (convirtiéndolo en un Festival de ida y vuelta, interpirenaico). Reflotar la Filmoteca en sus dos departamentos (exhibición: que deje de competir con el resto de promotores culturales de la ciudad; archivo: que abra sus oscuras estanterías -más de 3.000 películas- a la web y a todos los ciudadanos). Apoyar al semillero de creadores amateur de la ciudad. Comprar el edificio del antiguo Cine Goya como sala de celebración de todas las muestras y festivales de cine de la ciudad. Y hacer la labor olvidada -y obligada- de promoción de la cultura que toda corporación municipal debería exigirse, entre otras cosas colaborando con los exhibidores comerciales para que los filmes minoritarios se estrenen en la ciudad, con opción a ser visionados en versión original.

La Virgen del Pilar, según Richard Ford

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Extracto del “Manual para viajeros por el Reino de Aragón y lectores en casa” (Londres, 1845) de Richard Ford.

Zaragoza es la ciudad de peregrinación de Aragón, ya que todo el mundo concurre allí, de los cuatro puntos cardinales, Para ver el Pilar y la imagen que bajó del cielo, como el Palladium de Troya (Pausanias, I, 26, 6). Este moderno paralelo ha sido hallado milagro tan auténtico por tantos papas, que Diego de Astorga, primado de España, excomulgó, el 17 de agosto de 1720, a todos los que llegasen siquiera a ponerlo en duda, mientras que Risco, escribiendo en 1775, sostiene “que su verdad ha sido establecida sobre tan firme base que nada puede hacerla vacilar ahora”.

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La leyenda puede ser explicada enseguida. Cuando los moros de Córdoba rompieron su lealtad al califa de Oriente, la enemistad recíproca que fue consecuencia de esto hizo que resultase imposible hacer peregrinaciones a La Meca. Por lo tanto, se creó en Córdoba un sustituto en la Ceca de su mezquita. En vista de lo cual los imitadores castellanos, que no podían ir a Jerusalén, fundaron Santiago a manera de sepulcro y lugar santo de oposición. Pero los aragoneses, que entonces eran independientes de Castilla, no querían tener que hacer sacrificios ante un santuario extranjero y, en consecuencia, inventaron uno para ellos solos, seleccinando con este objeto su propia capital por evientes razones financieras. De la misma manera que los castellanos habían adoptado a Santiago para el papel de su Hércules, los aragoneses escogieron a la Virgen para el de su Astarté. Nada de todo esto se había intentado durante los períodos romano y gótico, simplemente porque, como no había moros en España, no hacía falta ninguna Meca antagónica. Prudencio, que escribió tanto sobre la cristiandad zaragozana, omite completamente, en consecuencia, el hablar del Pilar, como también San Isidro (Oríg. XV, 1) cuando describe las ventajas geográficas y religiosas de Zaragoza: “Loci amenitate et deliciis praestantius civitatibus Hispaniae cunctis atque ilustrius, florens sactorum martyrum sepulturis“.

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La historia autorizada por la Iglesia está minuciosamente impresa en la “E.S.”, XXX, 426, y en ella se afirma que Santiago, poco después de la crucifixión, pidió a la Virgen permiso para predicar el Evangelio en España, y habiendo “besado su mano” vino a Zaragoza, convirtió a ocho paganos y se quedó dormido. Entonces los ángeles del cielo trajeron viva a la Virgen desde Palestina y la volvieron a llevar allá después de haber dicho ella al apóstol que quería que edificase una capilla allí mismo, lo cual éste hizo, y a la cual ella luego fue con frecuencia a oír misa, de la misma manera que solía hacer Minerva (Od., III, 435).

Estos pilares o Baitulia (Bethel, la casa de Dios) son decididamente orientales: compárese el de la “madre de los dioses” de Acrocorinto (Pausanias, II, 46), el que fue dado por Minerva en Kysicos (Antho. Anath., VI, 342) o el dorado de Juno en Crotona (Livio, XXIV, 3).

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La santa imagen misma es pequeña, y está tallada en una madera resinosa, casi negra. Como obra de arte es tosca y de segunda categoría, pero inspira en los indígenas un temor convencional. Hasta cincuenta mil peregrinos se calcula que han llegado de una vez a Zaragoza. Su santuario está rebosante de campesinos de todas las edades y sexos, Pagani, que se sientan y se arrodillan y rezan, formando, por instinto de peregrinos, los grupos más pintorescos, como los contadini en Roma. ¡Qué murmullo y qué ruido en la iglesia, qué cúmulos de voces, qué olor a ajo! Y sin embargo, todos ellos confían que sus pequeños deseos y esperanzas serán concedidos gracias a su intervención. De esta manera, el Vaticano, facilitando una ayuda milagrosa para las más corrientes necesidades, se ha ganado a la masa, ya que les ofrece un sistema basado en la comprensión de las más humildes necesidades y dolencias. Este credo, descendiendo así hasta la humanidad, se vuelve aceptable y consolador para la muchedumbre, cuya fe en él es el sacrificio de los tontos.

El Palacio de Sora o Salabert y Santo Dominguito de Val

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Hoy sólo queda su puerta trasladada, que da acceso al Convento de las Hijas de la Caridad (La cocina económica de Zaragoza). Pero la historia y la leyenda de este palacio zaragozano dan para mucho que contar.

El origen del edificio, según relata José Blasco Ijazo en su artículo “Palacios y casas solariegas” (1954), es la Casa del Talmud de la Judería de Zaragoza, es decir, el edificio de enseñanza religiosa judía anexo a la Sinagoga principal de la ciudad (donde hoy se levanta el Seminario de San Carlos). La ubicación exacta del palacio era al fondo de la calle de la Yedra, en el punto de la actual San Vicente de Paúl que cruza la calle Santo Dominguito de Val (antes del Limón).

Según la tradición, este lugar de reunión de la Aljama fue escenario del martirio de un infantico (niño cantor) de la Seo (catedral de la ciudad). Domingo tenía siete años el 31 de agosto de 1250 cuando, presuntamente, un judío llamado Albayuceto lo raptó y entregó a la Casa del Talmud para que lo crucificaran en una pared. Luego le cortaron la cabeza y los pies y lo enterraron a orillas del Ebro. Pero unos barqueros vieron allí unas luces milagrosas que marcaban el lugar exacto del enterramiento. Las reliquias del niño santo se veneran hoy en La Seo. El edificio de su martirio fue llamado de Santo Dominguito de Val, y otra tradición afirma que el niño nació ahí.

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Expulsados los judíos en 1492, la casa fue vendida en 1500 por los Jurados de Zaragoza al notario Domingo Salavert. Desde la apertura de la calle de la Yedra, el Palacio, construido durante el siglo XVI, se podía ver al fondo, situándose en el Coso (en el punto que actualmente ocupa el número 100, mirando hacia San Vicente de Paúl).

De entre las reformas que se le hicieron posteriormente, destaca la portada barroca en piedra que se conserva hoy, del siglo XVII. Está coronada por un ángel y tiene labrados los escudos de las familias de Salavert y de Aguirre.

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Antes de su desaparición, la casa se dedicó a numerosas actividades: centro de organizaciones obreras, de una organización de ciegos, sociedad de recreos estudiantiles… El edificio se derribó en abril de 1936, y de su interior se salvó también un retablo barroco en madera dorada (s. XVII), que se conserva en el Museo de Zaragoza. Los nombres sucesivos de este Palacio han sido: Santo Dominguito de Val (popular), de Salabert, de Sora y del Marqués de Torrecilla.

El antiguo puente sobre el Huerva y la Operación Cuarteles de Zaragoza

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En mi documental Compresas y tabaco (2005), aparecen imágenes de las piedras que aún quedan -abandonadas- del antiguo puente sobre el Huerva en la actual calle del Asalto, frente a la salida de la del Heroísmo, donde estaba la Puerta Quemada. En 1855, cuando se construyó el denominado Puente de San José, actual inicio de la calle Miguel Servet, aquel puente del siglo XVI* fue demolido. En sus inmediaciones hay hoy una pasarela peatonal con suelo de madera. Al pasar el río, uno se encontraba con el Cuartel de Intendencia (ex Penal de San José), que luego fue solar abandonado, después canódromo y hoy Parque de Villafeliche.

La parte de los terrenos del Ministerio de Defensa que hoy ocupa la Avenida de las Torres desde su cruce con Miguel Servet en dirección al puente de Las Fuentes (antigua calle Conde Alperche, junto al solar del antiguo Convento de Carmelitas Descalzos de San José, después Fuerte de San José), fue enajenada por el Ayuntamiento de Zaragoza mediante la llamada Operación Cuarteles, que se proyectó en 1978 y consistía en aprovechar antiguos solares militares para usos civiles.

El grueso de aquella Operación Cuarteles (lamentablemente prostituida en gran parte: zonas verdes proyectadas vieron crecer inmensos edificios) se produjo a inicios de los ochenta y los socialistas aragoneses siempre se han mostrado orgullosos del histórico proceso. Pero un documento muy interesante nos certifica que la idea partió del Ayuntamiento de Mariano Horno Liria, alcalde franquista de 1970 a 1979. Aquí podemos leer cómo el entonces Consejero de Obras Públicas y Urbanismo de la Diputación General de Aragón, Ramón Sáinz de Varanda, decreta la paralización de la Operación Cuarteles (iniciada en 1973), para su supervisión por parte del Gobierno de Aragón, entonces presidido por el infausto Juan Antonio Bolea Foradada.

Al año siguiente, 1979, Sáinz de Varanda gana las elecciones municipales, y como alcalde impulsa esa Operación que ¿paralizó? desde su cargo anterior.

*El puente sobre el río Huerva al que hacemos alusión fue construido en 1575 por el arquitecto Juan de Landerri, según el Diccionario Histórico de Arquitectos en Aragón, de Jesús Martínez Verón. Agradezco el dato a Luis Miguel Ortego.

La edad de oro (”L’âge d’or”, 1930)

Cartel de La edad de oro

“Yo estoy fregado. Pero vosotros tenéis acordeones, hipopótamos, llaves y ganchos para trepar”. El revolucionario que se queda en casa porque no tiene fuerzas, da ánimos a sus compañeros para que se encarguen de destruir los cimientos de la sociedad burguesa. Por supuesto que no lo consiguen. Tampoco don Luis, con su filme número dos, esta vez de una hora de duración y financiado por el parisino Vizconde de Noailles.

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Lógica borrosa: más o menos

La Lógica Borrosa (Fuzzy Logic) nació en California en 1965, de la mano de Lofti Zadeh, un ingeniero iraní educado en Azerbaiján. Su desarrollo exponencial se está produciendo en el Japón del cambio de siglo, y los orígenes filosóficos de su aplicación en ingeniería se remontan al siglo pasado. Fue entonces cuando Peirce, primero, y Lukásiewicz después, formularon que en la Lógica de las Funciones Veritativas se podían admitir tres o más valores, además de los dos clásicos de verdadero y falso, y la llamaron Lógica Polivalente. Durante los años veinte, Bertrand Russell avanzó en su formulación, señalando la imposibilidad de precisar, por cuanto que todo es vago; así, la llamó Lógica Vaga y se convirtió en el abuelo de la Lógica Borrosa.

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Praga trágica

Al mismo tiempo que cientos de veraneantes se agolpan ante el reloj de la torre del ayuntamiento de la Ciudad Vieja para ver cómo desfilan los doce apóstoles de Cristo, un ejército de musculistas forrados de negro y con el pelo al cero, guardan los antros donde se lava el dinero procedente de las actividades mafiosas. Las redes organizadas, casi siempre extranjeras, casi siempre de los países más pobres de la antigua URSS, escupen de vez en cuando algún muerto a los baldosines relucientes. Delante del teatro donde Mozart estrenó Don Giovanni, un gitano gordo llora por teléfono móvil el cadáver aún sin cubrir de su hermano, mientras los omnipresentes policías acordonan la zona en silencio.

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Bar El Manisero (Zaragoza)

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Desde hace más de 20 años, El Manisero está regentado por una pareja entrañable. Ella, de apariencia local, con su cara de escepticismo, esconde un pasado sin duda interesante. Él conserva su acento oriental pese a las décadas transcurridas. Su tez morena, su bigote, su pelo cano, ofrecen una imagen de hombre venido de Medio Oriente, absolutamente adaptado a la vida zaragozana. Es un bar que, tanto por su apariencia exterior…

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La II República española (14 de abril de 1931 - 1 de abril de 1939). Texto íntegro de la Constitución

La Constitución de la II República española. Acceso al texto completo, cortesía de III República, precedido de unos breves comentarios.

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